En Los Toldos, dentro del partido de General Viamonte, el productor Hernán Molea, de cuarta generación en el sector, ha puesto en marcha una estrategia que une la agricultura y la ganadería para sortear el fuerte aumento de los costos y los elevados precios de los alquileres.
Presión de insumos y arriendos
Molea trabaja alrededor de 400 ha de trigo y está preparando la siembra de maíz. La campaña se beneficia de buena humedad, pero ha decidido incrementar la fertilización en al menos un 25 % de kilos por hectárea para preservar rendimiento y calidad.
"La relación costo‑beneficio está por las nubes", señaló el productor.
Los precios de fertilizantes, combustible y flete han subido entre 20 % y 25 %, lo que encarece la producción. En maíz, los ciclos intermedios buscan equilibrar rendimiento y riesgo de cosecha, evitando que el grano quede en campo hasta mayo y requiera secado extra.
Los alquileres en la zona rondan los 15‑17 quintales de soja por ha, según la calidad del terreno. Con un rendimiento de maíz de 8‑9 t/ha (costo de indiferencia) y cosechas de 11 t/ha, el margen neto se reduce a apenas 2‑3 t/ha después de cubrir todos los gastos, lo que hace que la rentabilidad sea muy ajustada.
Ganadería como contrapeso
Hace unos años Molea dejó la cría directa y se dedicó a la compra de terneros de engorde, para luego recriarlos en campo y terminarlos en corrales propios. Ahora vuelve a la ganadería porque "rinde más que el mismo lote de cultivo", afirma.
Los machos alcanzan entre 420‑450 kg tras una recría a campo que permite ganancias de 600‑800 g diarios. Posteriormente, pasan a un feedlot propio para una terminación corta de alrededor de 70 días. Las hembras llegan a 320‑330 kg. La clave está en adquirir bien la invernada y aprovechar el pastoreo de invierno, principalmente avena, para luego volver a sembrar soja en los mismos terrenos.
"Se trata de mezclar el costo de la invernada con el precio del ganado y generar kilos baratos en campo", explicó Molea.
Un uso dual del terreno
Este modelo permite que el mismo lote sirva para dos actividades: durante el invierno los animales se alimentan de los verdes, y en la primavera‑verano el campo queda libre para la siembra de soja u otros cultivos. De esta forma, el productor maximiza la productividad del terreno y diversifica sus fuentes de ingreso.
En conclusión, la combinación de agricultura y ganadería se presenta como una respuesta práctica ante la escalada de costos y alquileres, ofreciendo una vía para que los productores mantengan su viabilidad económica.