En la comunidad de Auras, en la provincia de Holguín, la leyenda narra que Francisco Rondán Rodríguez, apodado “El Manco Rondán”, dirigió a principios del siglo XIX una posada conocida como la Casa Larga donde, según testimonios transmitidos de generación en generación, atrapaba y asesinaba a huéspedes ricos mediante una trampa bajo el suelo.

Una posada con trampas mortales

Rondán, inmigrante procedente de Málaga alrededor de 1820, se instaló en el oriente cubano y acumuló una fortuna cuya procedencia nunca quedó clara. En la Casa Larga ofrecía comida, cama y una partida de cartas antes de la noche. Cuando el juego terminaba a favor del viajero, él accionaba una palanca que hacía abrir una abertura en el piso; la víctima caía en un pozo oculto bajo la habitación. Posteriormente, según la versión popular, un barbero del pueblo colaboraba en degollar al caído y apropiarse de sus pertenencias.

"Es más malo que el Manco Rondán", comenta un anciano de Auras.

Los objetos robados – dinero, joyas, mercancías y hasta animales – alimentaban la creciente riqueza de Rondán, que también habría incursionado en el contrabando de esclavos, reforzando su influencia en la zona.

El recuerdo en la cultura local

El apodo surgió tras una pelea que le dejó sin un brazo, consolidando su imagen de hombre mutilado y temido. La frase “es más malo que el Manco Rondán” sigue utilizándose como sinónimo de crueldad. Tras su muerte, la Casa Larga pasó a otras familias, pero el pozo permaneció, y los sucesivos propietarios intentaron cerrarlo sin éxito, según los relatos locales.

Cierre: La leyenda de El Manco Rondán continúa siendo parte del imaginario de Holguín, recordando una época donde la hospitalidad podía esconder un peligro mortal.