El crimen organizado ecuatoriano ha renovado sus formas de enviar cocaína al exterior, según datos publicados por la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) y la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). Los cambios se evidencian en un decomiso de 13 toneladas en el puerto español de Algeciras (octubre de 2024) y en la detención de siete sospechosos en la llamada operación Jaguar (mayo de 2026) en Ecuador.

Nuevas tácticas logísticas

Los traficantes dejaron de depender exclusivamente de embarcaciones clandestinas y contenedores contaminados. Ahora emplean empresas pantalla, compartimentos ocultos dentro de mercancías legales y entregas coordinadas en alta mar mediante dispositivos de rastreo. La JIFE, en su informe anual de 2025 difundido en febrero de 2026, señaló la aparición de estructuras modificadas que permiten ocultar droga en distintas etapas del comercio internacional.

Casos que ilustran la evolución

En octubre de 2024, la policía española incautó 13 toneladas de cocaína escondidas en un cargamento de banano procedente de Ecuador, el mayor decomiso registrado en el país hasta esa fecha. El hallazgo reveló la colaboración entre exportadores, operadores logísticos e intermediarios.

Cinco años después, el Ministerio del Interior de Ecuador anunció la operación Jaguar, que culminó con la captura de siete individuos, entre ellos un exgerente de una empresa exportadora de banano, señalado como presunto cabecilla de la red.

"La investigación demostró que la droga puede ser introducida antes de que el contenedor llegue a la terminal portuaria", indicó un portavoz de la UNODC.

Desafíos para la persecución

Los informes de la UNODC (2026) advierten que la contaminación de mercancías puede ocurrir en cualquier punto del trayecto terrestre hacia los puertos, complicando la atribución de responsabilidad a las empresas exportadoras. La Organización Mundial de Aduanas (OMA) también subrayó la necesidad de reforzar la vigilancia en toda la cadena logística para impedir que estructuras criminales se camuflen como actividades comerciales ordinarias.

El panorama muestra una criminalidad que combina métodos tradicionales y nuevas tecnologías, obligando a autoridades locales e internacionales a adaptar sus estrategias de control.