La cocinera Mónica Borda, conocida como Madame Papin, repasó en una entrevista con Canal Siete las consecuencias del accidente que sufrió el 25 de abril del año pasado, cuando un auto la atropelló al cruzar la avenida Del Libertador después de una jornada laboral en el estadio Obras. La chef contó que pasó 40 días internada, que debió reaprender a caminar y que el episodio le dejó secuelas sensoriales que todavía la acompañan.
El día que no volvió al catering
Borda recordó que estaba a cargo de la comida de una banda a la que nunca llegó a ver. Salió a comprar algo y dejó el anafe prendido, algo que, según dijo, no hace nunca. "Yo salí para volver rápido porque dejé el anafe encendido, cosa que nunca hago", relató.
No regresó. Sus compañeros y su familia empezaron a buscarla y la pregunta se repetía en los locales de la zona. Una de las responsables de Obras consultó a un policía de la esquina y obtuvo la respuesta: una mujer había sido embestida y trasladada al Hospital Pirovano.
Rehabilitación y secuelas que persisten
El impacto le provocó una fractura de cráneo, lesiones en distintas partes del cuerpo y una lesión en la rodilla izquierda. Ingresó al Pirovano en estado crítico y los médicos le colocaron una válvula en la cabeza. Más tarde fue derivada con asistencia respiratoria al CEMIC de Saavedra, donde siguió con controles neurológicos.
Después del alta pasó un mes y medio internada en su casa y encaró un proceso de recuperación que incluyó kinesiología, neurocirugía y atención psiquiátrica. "Tuve que aprender a caminar", sintetizó. Sobre los sentidos, fue contundente: "No tengo olfato. No tengo gusto. Reconozco cuatro cosas, nada más. Perdí un oído". A eso se suman ruidos constantes en la cabeza.
"Veo la vida de otra manera", expresó la cocinera sobre el cambio que atravesó desde el accidente.
Durante los primeros días dormía casi todo el tiempo y tenía dificultades para moverse. También describió percepciones auditivas inusuales, como maullidos que escuchaba sin que hubiera gatos cerca, que los especialistas vincularon con los hematomas y las lesiones en el oído. Pese a las dificultades, conservó la motricidad fina y retomó actividades como tejer.
De la cocina de casa al detrás de escena de los recitales
Borda llegó a la gastronomía sin formación tradicional: antes había cursado arquitectura, se recibió de diseñadora gráfica y estudió psicología social. Empezó a cocinar para alimentar a sus cinco hijos y transformó esa tarea en profesión.
El apodo nació hace más de 20 años, cuando impulsó la venta de papines andinos desde el Mercado Central junto a productores collas. Después llegaron las ferias, el catering en Recoleta y la televisión: participó de Cocineros argentinos junto a Guillermo Calabrese e integró Cocinate, que terminó en marzo de 2025. En paralelo se volvió una presencia habitual en el detrás de escena de shows musicales; su primer trabajo para una banda fue con los alemanes Die Toten Hosen.