La compra de productos terminados en el exterior creció con fuerza durante el último año y ya representa cerca de una cuarta parte de todo lo que Argentina importa. En septiembre ingresaron bienes de consumo por USD 1.129 millones, una cifra que, según un informe del Instituto Argentina Grande (IAG), no tiene precedentes recientes y golpea de lleno a la producción nacional.
El promedio mensual de importaciones de bienes finales durante la gestión de Javier Milei se ubica en USD 813 millones. La comparación con las administraciones anteriores es contundente: con Mauricio Macri ese promedio fue de USD 651 millones y con Alberto Fernández de USD 619 millones. En el último año, además, el promedio trepó a USD 945 millones.
Un modelo que no suma a la productividad
El dato clave es qué tipo de bienes se compran afuera. Según el relevamiento del IAG, el aumento no está explicado por bienes de capital —maquinaria o insumos que podrían mejorar la producción local— ni por un salto de la demanda interna. Lo que crece es el ingreso de productos terminados que compiten directamente con la industria argentina.
El fenómeno no es nuevo. Ya en 2025 los bienes finales habían alcanzado el 24,6% del total importado, un nivel que supera incluso el promedio de la Convertibilidad (23% entre 1992 y 2001). La relación entre crecimiento económico y compras al exterior también se alteró: históricamente, por cada punto de aumento del Producto, las importaciones subían tres; el año pasado esa elasticidad casi se duplicó.
Industria y comercio, en rojo
Los números de la actividad confirman el impacto. La producción industrial cayó 2,7% en el acumulado hasta agosto y quedó 11% por debajo de los niveles de 2022. El comercio minorista también retrocede: los supermercados acumulan una baja de 2,8% y los autoservicios mayoristas de 2,9%.
Aun así, esos canales amortiguan la caída con una mayor presencia de productos extranjeros en las góndolas, mientras cada vez más firmas locales cierran sus puertas. El círculo se completa con un tipo de cambio apreciado y costos tarifarios que presionan sobre la estructura de costos de las empresas argentinas.
"Mientras el resto del mundo protege su industria contra el dumping y un sobrestock asiático, Argentina lleva adelante una apertura importadora con dólar barato que llevó a la industria a estar 11% abajo que en 2023", señalaron los especialistas del IAG.
La apertura, sin correlato en los datos
La política económica de La Libertad Avanza defiende la desregulación comercial como eje central. Sin embargo, los propios indicadores oficiales muestran que el incremento de las importaciones no se traduce en una mejora de la productividad doméstica. La aceleración del desplazamiento de la producción local continuó en lo que va de 2026 y los especialistas advierten que el fenómeno se profundiza mes a mes.
El informe del IAG pone el foco en la contradicción entre el discurso aperturista y el deterioro de la industria. Con un dólar barato y un excedente de productos asiáticos en el mercado global, la Argentina avanza en sentido contrario a las principales economías, que refuerzan sus barreras contra el dumping.