La operación que permitió a Flavio Bolsonaro salir de Brasil y entrar a la Argentina por Puerto Iguazú dejó al descubierto una maquinaria que se movió al margen de buena parte del Gabinete. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, se enteró del ingreso cuando faltaba poco más de una hora para la medianoche del martes, a través de un llamado desde el puesto de Migraciones en la frontera. Hasta ese momento desconocía el dispositivo, que incluía a efectivos de fuerzas bajo su órbita.
La funcionaria llamó a Javier Milei para consultar cómo proceder. El Presidente, que sí estaba al tanto de la maniobra, le dio el visto bueno. Fuera de él, Santiago Caputo y quizás Karina Milei, nadie más conocía los detalles del operativo.
Una operación con hilos externos
La salida del fallido candidato presidencial brasileño se gestó desde Estados Unidos, con el Departamento de Estado en contacto directo con Bolsonaro. La Argentina habría entrado como un actor complementario a pedido del propio senador, que consideró riesgoso huir por un aeropuerto de su país y eligió la salida por Iguazú.
El avión que lo trasladó fue contratado por un broker norteamericano, presumiblemente con fondos de la CIA, aunque se evitó que tuviera matrícula argentina. En esa gestión apareció la figura de Caputo. En el Gobierno aseguran que no hubo un pedido formal de participación del jefe de la diplomacia estadounidense, Marco Rubio.
Washington también quiso marcar distancia: dejó en claro que no considera ilegítima la reelección de Lula da Silva y que Bolsonaro no era el "presidente electo", por eso le ordenaron corregir su carta. Las diferencias entre Washington y Brasilia siguen canalizándose por vía diplomática.
El rol de Caputo y las dudas internas
La maniobra fue organizada íntegramente por Caputo, por pedido expreso de Milei. Un conocedor de ese vínculo describe la relación como "cuando los dos entran en relación simbiótica". Ambos mantuvieron contacto fluido con el entorno de Bolsonaro en las horas decisivas y, presumiblemente, también con el Departamento de Estado.
No se trató de un operativo orgánico de la SIDE. Si lo hubiera sido, Bolsonaro no habría ingresado con su pasaporte ni habrían quedado rastros de su paso. Caputo se valió de actores de confianza que, incluso dentro de organismos oficiales como la EBY, Migraciones o la PSA, le responden a él.
Cuando algunos ministros le preguntan si intervino en el operativo, Caputo responde que no puede confirmarlo ni desmentirlo. "Misterio", dicen que repite.
Las hipótesis detrás de la demora
El gran interrogante es por qué la salida de Bolsonaro desde Brasil se demoró 20 horas, una postergación que dejó el avión contratado en pista como señuelo y a Caputo circulando por Iguazú a la vista de todos.
En el Gobierno manejan más de una hipótesis. Algunos sostienen que todo se originó porque el piloto comentó que sabía que debía transportar a Bolsonaro, lo que activó alarmas y provocó pánico en el senador. Otros afirman que el obstáculo fue operativo: las dificultades para contratar un servicio que aceptara trasladarlo con su familia y sus pertenencias desde Brasilia hasta Iguazú. Las dudas sobre su situación judicial jugaban en contra.
En la Casa Rosada están convencidos de que la administración de Lula hizo la vista gorda para facilitar la fuga. "Es absolutamente imposible que haya atravesado 1600 kilómetros sin que se entere la ABIN", explica un entendido en la materia. En Brasilia se muestran prescindentes y plantean que se trata de un problema entre la Justicia y Bolsonaro, quien pudo salir del país simplemente porque en el lado brasileño de la Triple Frontera no tenía impedimentos legales.