La economía argentina tiene un motor que funciona: las exportaciones crecen al 14% anual, impulsadas por el agro, la energía y la minería. Sin embargo, el impulso externo no alcanza para compensar el estancamiento del consumo y la caída de la inversión.

El problema es que la cadena de distribución está rota. El mecanismo debería ser: las exportaciones crecen, el Banco Central (BCRA) compra dólares y emite pesos; esos pesos se depositan en el sistema financiero; los bancos los transforman en crédito; y el crédito financia consumo, capital de trabajo e inversión.

La primera parte del circuito funciona. Desde principios de año, el Banco Central compró alrededor de US$12.700 millones y las reservas netas mejoraron. Ya se acumuló cerca del 90% de los US$8000 millones previstos en el acuerdo con el FMI.

Sin embargo, el aumento en los depósitos no termina en nuevos préstamos. Las tasas activas reaccionan mucho más lento, sobre todo las de consumo y las de crédito para inversión.

Empresas con poca rentabilidad y demanda de crédito de baja calidad

Del lado de las empresas, la rentabilidad de una parte importante del entramado productivo es baja o insuficiente. La combinación de apertura importadora, dólar barato, presión tributaria elevada, demanda interna débil y capacidad instalada ociosa está comprimiendo márgenes por debajo de los costos fijos.

Las empresas de mayor tamaño, vinculadas a los sectores ganadores favorecidos por el RIGI o con balances más sólidos, tienen acceso al crédito en dólares a través del mercado de capitales y/o prefinanciación de los bancos. No necesitan tomar préstamos en pesos a las tasas vigentes.

En cambio, las empresas que efectivamente demandan crédito en pesos son, en muchos casos, las que atraviesan mayores dificultades de rentabilidad, liquidez o capital de trabajo. Son también las que presentan el mayor riesgo crediticio, sobre todo en sectores cuyos precios van por detrás de la inflación.

Consecuencias para la economía

La falta de crédito para las empresas de menor tamaño y con menor rentabilidad puede tener consecuencias negativas para la economía en general. La caída de la inversión y el consumo puede llevar a una recesión económica.

El gobierno y el Banco Central deben encontrar una solución para estimular la economía y mejorar la cadena de distribución. Una posible solución es reducir las tasas de interés y aumentar la oferta de crédito para las empresas de menor tamaño.

En resumen, la economía argentina tiene un motor que funciona, pero la cadena de distribución está rota. El gobierno y el Banco Central deben trabajar juntos para encontrar una solución y estimular la economía.

La tasa forward implícita en extender por un año la deuda en dólares emitida en el mercado local bajó desde el 14% a fines de marzo hasta alrededor del 10,5% actual. Esto puede ser un indicador de que el mercado está asignando una probabilidad creciente a un escenario de reelección sin ballotage.