El 22 de octubre de 2026, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de EE. UU. concedió a Intel una excepción de un año para continuar empleando robots automatizados de origen extranjero en sus plantas de semiconductores, entre ellas la fábrica Fab 52 en Chandler, Arizona.

Intel presentó la solicitud el 16 de octubre, argumentando que, sin una autorización clara, no podía determinar si sus vehículos guiados automáticamente (AGV) estaban cubiertos por la prohibición recién establecida.

Los AGV son plataformas que siguen rutas fijas sobre rieles o marcas en el piso para trasladar materiales dentro de la planta, y normalmente operan bajo supervisión humana.

"Los robots son críticos para nuestra producción de chips y no existen alternativas fabricadas en EE. UU. que cumplan con los requisitos técnicos", declaró Intel.

Alcance de la norma de la FCC

La regulación, vigente desde principios de 2026, prohíbe la importación de nuevos modelos de robots móviles, como los humanoides y aspiradoras autónomas, pero mantiene permitidos los equipos ya aprobados previamente.

El objetivo es limitar la dependencia de China, principal proveedor mundial de componentes robóticos, y evitar que tecnologías potencialmente sensibles entren sin control.

La FCC permite a Intel modificar hardware, software y firmware de los equipos existentes, siempre que no se introduzcan cambios mayores sin una nueva revisión.

Implicancias para la cadena productiva

Con la excepción vigente hasta octubre de 2027, Intel deberá demostrar a la FCC si logró sustituir los robots importados por unidades fabricadas en EE. UU. o solicitar una nueva prórroga para evitar interrupciones en la producción.

El retraso en la sustitución podría afectar la capacidad de Intel para competir con TSMC y Samsung en la fabricación de chips avanzados.

Según la consultora International Data Corporation, la norma podría reducir en un 58 % los ingresos esperados del sector robótico estadounidense para 2030, al limitar la venta de robots móviles importados.

La decisión muestra la tensión entre la seguridad tecnológica y la necesidad de mantener operativas las líneas de producción de semiconductores en EE. UU.