Un equipo de investigadores del INTA Concepción del Uruguay evalúa una metodología que usa imágenes satelitales para calcular cuánto pasto hay disponible en un campo, sin necesidad de recorrer y medir cada potrero. La herramienta combina datos del satélite Sentinel-2, muestreos de biomasa realizados en el terreno y el conocimiento del manejo de cada establecimiento.

Para un productor ganadero, saber cuánta comida tiene el campo define decisiones concretas: cuántos animales sostener, cuándo mover la hacienda de un lote a otro y cómo administrar las reservas frente a los meses de menor crecimiento. En campos extensos y con ambientes distintos, medir todo a pie demanda tiempo y trabajo que muchas veces no se puede sostener en el calendario.

Cómo se traduce una imagen en kilos de pasto

El procedimiento parte de lo que captan los sensores del Sentinel-2, un satélite del programa europeo Copernicus que observa la superficie terrestre en distintas bandas del espectro electromagnético. Con esas imágenes se calculan índices espectrales, indicadores que muestran cómo responde la vegetación a la luz en diferentes longitudes de onda.

Esa respuesta, sin embargo, no alcanza por sí sola. Para convertirla en kilos de materia seca, los investigadores toman muestras de biomasa en puntos elegidos del campo, que funcionan como sitios de calibración. Después cruzan esos datos con la información satelital y ajustan modelos matemáticos que extienden la estimación al resto del establecimiento.

“La información satelital aportó continuidad espacial y permitió ponderar la superficie ocupada por cada ambiente; las mediciones de campo transformaron la respuesta espectral en biomasa cuantitativa”, explicó Martín Durante, investigador del INTA Concepción del Uruguay.

El objetivo no es que una imagen determine sola cuántos kilos hay en cada potrero, sino reducir la cantidad de mediciones necesarias y aprovecharlas para armar un mapa más amplio de la disponibilidad de forraje.

Dónde se probó

Para desarrollar y evaluar la metodología, el equipo analizó 68 índices espectrales en pasturas templadas de la Unidad Integrada Balcarce, conformada por el INTA y la Universidad Nacional de Mar del Plata. Ese trabajo permitió ajustar los modelos que relacionan la respuesta del satélite con la biomasa medida a campo.

La herramienta se suma a otras iniciativas que buscan simplificar la gestión de pasturas con tecnología, un terreno donde conviven desarrollos públicos y privados. El desafío común es el mismo: pasar de la estimación a la decisión diaria del productor, con información confiable y sin multiplicar el trabajo de campo.