Guillermo Marcos llegó desde Tandil con dos amores bajo el brazo: Buenos Aires y el tango. La actuación fue el oficio que eligió para ganarse la vida, pero la música ciudadana nunca dejó de acompañarlo. Hoy, a fuerza de constancia, ese vínculo se traduce en un programa que lleva catorce años al aire: Metejón de un día, todos los lunes a las 21 por la 2x4, con Ariel Fiorenza como compañero de micrófono.
En diálogo con LA NACION, el actor repasó su carrera, sus personajes más populares y los proyectos que tiene en carpeta, entre ellos el regreso de Aeroplanos, la obra de Carlos Gorostiza que hizo junto a Héctor Calori y que podría volver por pedido del público.
Un vínculo que nació en la infancia
La relación de Marcos con el tango viene de lejos. En su casa se escuchaba, aunque la pasión no se contagió a sus hermanos. A él lo atrapó en plena expansión de la Nueva Ola y la música beat, cuando el género parecía quedar de lado. "El tango me pudo, me fue ganando", contó el actor, que se formó leyendo sobre figuras como Gardel, Pichuco, Discépolo y Manzi.
Esa formación también incluyó el canto. Estudió en el conservatorio de teatro y tomó clases durante años, pero aclara que no se dedicó a ser cantante: "No se me dio ser cantante de tango". Sí cantó en espectáculos como Gotan, de Julio Taiher, y en Un vino, un tango, de su autoría, donde combinaba música con estampas de comedia.
El personaje que lo hizo popular
Antes de Poliladron, Marcos ya había tenido un rol destacado en El precio del poder, con Hugo Moser, donde era la contrafigura del personaje de Rodolfo Bebán. Después llegó la comedia con Flavia Palmiero en Canal 9, Corazón de tiza. Pero el salto a la popularidad masiva llegó con Heráclito, el buchón de Poliladron que se movía entre ladrones y policías.
"Era un gusanito, pero la gente lo quería", recordó sobre ese personaje, al que le agregó pasos de comedia y un costado tanguero que lo volvió entrañable. El cariño del público se manifestaba en mensajes y saludos en la calle.
Las escenas de riesgo también dejaron anécdotas. Marcos recuerda que estaban muy diseñadas y salían bien, aunque el miedo estaba presente. "A ver qué pasa acá, a ver si ligo un cuetazo", bromea sobre lo que se decía en el set. Una vez, su personaje recibía un disparo y le pidieron que se quedara tranquilo: se entregó a la escena y no pasó nada.
Radio, teatro y proyectos
Además de la radio, Marcos sigue ligado a la actuación. Hasta hace poco hizo Aeroplanos junto a Calori y no descarta retomarla. También trabaja con Leonardo Becchini, director y autor de televisión vinculado a Poliladron y Un cortado, en nuevos proyectos.
Su paso por Amor en custodia, con Solita Silveyra y Osvaldo Laport, le dejó otro recuerdo imborrable: el público le daba consejos a su personaje, que formaba una pareja gay con el de Santiago Ríos. "Una ternura maravillosa", definió.
A los catorce años al frente de Metejón de un día, Marcos encuentra la explicación en lo simple: la palabra, el intercambio con los oyentes y la posibilidad de compartir el tango cada lunes.