Stan Wawrinka cerró su carrera en Basilea, pero su legado tiene un símbolo que va más allá de los trofeos: un tatuaje en el antebrazo izquierdo con una frase del escritor irlandés Samuel Beckett. La historia de ese tatuaje arranca en el Abierto de Australia de 2013, cuando el suizo, por entonces una promesa que no terminaba de explotar, perdió ante Novak Djokovic en octavos de final tras casi cinco horas de partido.

La derrota que lo cambió todo

Aquel duelo en Melbourne fue una batalla de altísimo nivel. Wawrinka, de 27 años, dominó buena parte del encuentro y estuvo cerca de dar el golpe ante el bicampeón defensor. Sin embargo, cayó en un quinto set interminable, con un match point que quedó entre los más recordados y dolorosos de los últimos tiempos.

Lejos de hundirlo, esa caída funcionó como un punto de inflexión. Dos meses después, el tenista se tatuó una frase de Beckett que resume su nueva mentalidad: "Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better". En español: "¿Lo has intentado? ¿Has fracasado? No importa. Vuelve a intentarlo. Vuelve a fracasar. Fracasa mejor".

Del tatuaje a los títulos

Ese mensaje en la piel le enseñó a convivir con el error y a entender que la resiliencia era el único camino para competir contra los mejores de la historia. Poco después llegó su mejor momento: se instaló en el top 10, rompió la hegemonía del Big Three y ganó el Australian Open 2014, Roland Garros 2015 y el US Open 2016.

Wawrinka ya se retiró, pero aquel tatuaje sigue siendo la marca más personal de su carrera. La historia de un jugador que entendió que la grandeza no está en no caer nunca, sino en levantarse y volver a intentarlo.