Este mes de octubre de 2026, el profesor de Economía Global y Ciencias del Comportamiento del MIT, Eric So, publicó The Collision: What AI Does to Us y lanzó una alerta sobre la creciente dependencia de la inteligencia artificial para tareas que antes ejercitaban la mente.

Por qué la IA nos tienta a delegar

So denomina a este fenómeno “gravedad de la IA”, una fuerza constante que incita a tercerizar el pensamiento. Identifica tres motores detrás de ella. Primero, el cerebro humano busca economizar energía; una IA cada vez más capaz representa el atajo perfecto. Segundo, la cultura actual premia la productividad a cualquier costo, lo que empuja a usar la IA para imitar el rendimiento de expertos. Tercero, la competitividad se intensifica porque resulta difícil detectar quién recurre a estas herramientas, y resistirse puede percibirse como quedarse atrás.

"La IA nos está convirtiendo en marionetas del ventrílocuo", afirmó So.

Un estudio preliminar del MIT Media Lab reveló que el 83 % de los participantes que redactaron un ensayo con ChatGPT no pudieron citar ninguna frase del texto generado, evidenciando una transferencia directa de la pantalla a la tarea sin intervención cerebral.

Cómo proteger nuestras habilidades mentales

Según So, el riesgo se traduce en la pérdida de habilidades y en la erosión del conocimiento tácito, ese saber construido con años de práctica, sobre todo entre los jóvenes que podrían saltarse etapas clave de formación de criterio.

Propone cuatro “antídotos”: valorar el esfuerzo como entrenamiento cognitivo; reconocer la propia identidad sin depender de la IA; identificar y fortalecer habilidades distintivas; y reinvertir el tiempo liberado por la IA en aprendizaje y creación. Además, sugiere que los líderes de equipos evalúen no solo cuánto produce la gente con ayuda de IA, sino cuánto siguen capaces de hacer por sí mismos.

El objetivo es transformar la IA en una entrenadora que formule preguntas, en lugar de un sustituto que entrega respuestas completas.