El crecimiento acelerado de la población senior está creando una demanda global de proteína que, según el gerente de Maizar, Julián Martínez Quijano, abre una ventana estratégica para la agroindustria argentina. Hace unos meses, Martínez Quijano explicó que, si el país logra organizar su producción, podría beneficiarse de este cambio demográfico.
Crecimiento de la población senior
Actualmente, el planeta alberga 8.320 millones de habitantes, de los cuales 1.200 millones tienen 60 años o más. Las proyecciones de la ONU indican que para el 2050 la población total alcanzará 9.664 millones y los mayores de 60 años se duplicarán, llegando a 2.105 millones, lo que representará cerca del 22 % del total.
Este envejecimiento masivo implica que la ingesta de proteína, esencial para mantener masa muscular y prevenir la sarcopenia, será cada vez más crítica en la dieta de los adultos mayores.
Proteinía y el papel del maíz
Amanda Meadows, nutricionista clínica del Houston Methodist Hospital, señaló que “la proteína sigue siendo fundamental, pero su relevancia se intensifica a medida que envejecemos”. Las guías del Departamento de Agricultura de EE. UU. recomiendan 0,79 g de proteína por kilogramo de peso corporal al día.
En la cadena alimentaria animal, el maíz constituye la principal materia prima. Se requieren 2 kg de maíz para producir 1 kg de pollo, 4 kg para 1 kg de cerdo y 8 kg para 1 kg de carne de vaca; el pescado resulta el más eficiente.
"El maíz es la base de la alimentación animal que alimentará la creciente demanda de proteína", afirmó Martínez Quijano.
Obstáculos para capitalizar la tendencia
A pesar del potencial, Argentina enfrenta limitaciones estructurales. El país cuenta con solo cinco oficinas agrícolas en el exterior —una en China, otra en Brasil, una en India, una en la Unión Europea y una en EE. UU.—, una cifra muy inferior a la de sus competidores.
"Tenemos apenas cinco agregados agrícolas en nuestras embajadas en todo el mundo", advirtió Martínez Quijano en entrevista con Infobae.
En términos de exportación de maíz, Argentina envía alrededor del 70 % de su producción, mientras Brasil cubre entre el 30 % y el 40 %, y EE. UU. consume la mayor parte internamente. Esta dinámica implica que gran parte del maíz argentino se transforma en proteína fuera del país, en lugar de generar valor agregado local.
Para aprovechar la oportunidad, el sector deberá ampliar su presencia internacional y desarrollar una cadena de valor que convierta el maíz en productos proteicos de mayor margen.
Perspectivas
Si se superan los retos de comercialización y se fomenta la producción de alimentos ricos en proteína, la Argentina podría posicionarse como un proveedor estratégico en la era del envejecimiento global.