Un problema antiguo
Los cultivos han sufrido durante décadas por la acción de hongos como el Fusarium, que produce toxinas que dañan a las plantas. Según Jimena Ruiz, investigadora del instituto INBA, "el ácido fusárico es una de las micotoxinas más peligrosas".
Una solución innovadora
Un equipo de investigadores de la Fauba y el Conicet descubrió una bacteria del género Burkholderia que puede degradar esta toxina. "La bacteria utiliza la micotoxina como fuente de carbono y energía", explicó Ruiz. Esto significa que la bacteria puede crecer y desarrollarse a expensas de la toxina, lo que la convierte en una herramienta valiosa para combatir las enfermedades de los cultivos.
Resultados prometedores
Los investigadores aplicaron la bacteria a semillas de cebada tratadas con ácido fusárico y observaron que las plántulas se desarrollaban de forma normal. "El tratamiento con la bacteria logró revertir completamente el efecto negativo de la micotoxina", destacó Ruiz. Esto abre nuevas posibilidades para el desarrollo de estrategias sustentables y efectivas para combatir las enfermedades de los cultivos.
Un desafío para el agro
Las micotoxinas han sido un problema para el agro desde la década de 1960, cuando se identificaron por primera vez. Desde entonces, se han desarrollado varios métodos para combatirlas, pero muchos de ellos tienen un alto impacto ambiental o son costosos. La biotransformación, que utiliza microorganismos para modificar la estructura química de las toxinas, es una de las estrategias más prometedoras.
Un futuro más seguro
El descubrimiento de la bacteria Burkholderia es un paso importante hacia la creación de estrategias más sustentables y efectivas para combatir las enfermedades de los cultivos. "Esto nos permite desarrollar herramientas más específicas y menos dañinas para el medio ambiente", destacó Ruiz. Con esta nueva herramienta, los investigadores esperan poder reducir las pérdidas millonarias que sufren los cultivos debido a las enfermedades y mejorar la seguridad alimentaria.