Carlos Petroli no empezó escribiendo noticias: las armaba en metal. Fue linotipista, oficio en el que se componían los textos con un teclado de 120 caracteres y matrices de plomo que después iban a la imprenta. De ahí pasó a la redacción y llegó a conducir uno de los suplementos agropecuarios más importantes del país, el que se publicaba los viernes con La Voz del Interior de Córdoba.
Un chico de chacra
Nacido en 1953, su infancia transcurrió cerca de Reconquista, en el norte de Santa Fe. La explotación familiar tenía 120 hectáreas compartidas por tres familias: abuelos, padres y tíos, con tres casas y una producción mixta de cría de ganado, lino y algodón.
"Yo venía de la chacra", recordó Petroli sobre ese origen que marcaría toda su carrera.
En esa chacra conoció la agricultura de tracción a sangre y también la llegada de los primeros tractores, hacia fines de los años cincuenta. Primero fue uno usado y después uno nuevo, que tiraba un arado de tres rejas. La incorporación se vivió como una fiesta, según su propio relato.
El crecimiento de la familia y la subdivisión de la tierra hicieron difícil que todos encontraran futuro allí. Por eso Carlos migró a la ciudad para estudiar, algo que sus hermanos no pudieron hacer.
"Yo fui el único de los tres hijos que pude darme el lujo, por así decirlo, de poder estudiar", contó.
Uno de sus hermanos se dedicó a la construcción y el otro siguió vinculado al campo como tractorista. Sobre ellos, Petroli aclaró: "Yo los admiro mucho porque han sido gente de laburo".
Del taller a la redacción
Aprendió linotipia en la Sociedad de San Pablo, la congregación de los Paulinos. En 1983 entró a los talleres de La Voz del Interior y en paralelo estudió Comunicación en la Universidad de Córdoba.
El salto a la redacción tuvo escalones. Una de sus primeras tareas fue atender los teletipos: cargar los rollos de papel y separar los cables de las agencias según fueran de política, policiales o deportes. Después llegaron las coberturas, que arrancaron por Deportes con un partido del ascenso cordobés y un hecho policial.
Recuerda que volvía con apuntes desordenados y sin saber cómo convertirlos en crónica. Su jefe, Alejo Díaz Tillar, se acercaba a preguntar cómo iba el trabajo y le daba una indicación simple: "Contame cómo fue". Con ese relato oral, en dos minutos, el veterano armaba la nota. Otras veces la enseñanza era más dura: sacaba la hoja de la máquina, hacía un bollo y la tiraba a la basura. Había que empezar de nuevo.
Petroli reconoce en esa etapa una escuela decisiva. Con los años se convirtió en un referente del periodismo agropecuario cordobés y estuvo al frente de la sección Agro de La Voz del Interior hasta su jubilación, hace pocos años.