En la final del Abierto de Palermo de 2019, Juan Martín Nero terminó internado en observación en lugar de festejar el título. Una caída durante el séptimo chukker, cuando se enredó con Nicolás Pieres y su yegua le pasó por encima, le dejó una fractura de peroné derecho. El episodio, ocurrido antes de la pandemia, sigue siendo el ejemplo más recordado de lo que puede pasar en una cancha de polo.
Las caídas no son un detalle menor en este deporte. Han causado muertes, lesiones irreversibles y otras consecuencias menos graves pero que igual impiden jugar. Suceden en partidos decisivos, en encuentros intrascendentes, en una práctica o en un simple fin de semana de taqueo.
Caídas lentas, las más peligrosas
El profesor Eduardo Amaya investiga el tema desde hace años. Veterinario recibido en la UBA, vive en Estados Unidos y enseña en el Brookshire Polo, en Houston. Su punto de partida fue una observación: el polista de elite aprende de forma intuitiva, mirando a los demás, pero no siempre sabe por qué hace lo que hace.
Según su análisis, las caídas a velocidad suelen ser menos graves porque el jugador sale despedido y queda lejos del caballo; a veces se fractura extremidades, pero el impacto se reparte. Las peores son las lentas: el jinete no logra eyectarse a tiempo, recibe un golpe seco con efecto de latigazo contra el piso o queda aplastado por los 500 kilos del animal.
"Desde el momento que montamos un caballo, existe la posibilidad de caernos", plantea Amaya, y agrega que es raro encontrar a alguien que juegue al polo y nunca se haya caído.
La caída puede llegar en una jugada, en un giro, en una frenada, por un tropiezo, por un caballo que corcovea o porque el binomio pierde organización en una fracción de segundo. El principiante que todavía no domina el equilibrio y el profesional de máximo nivel están expuestos por igual.
La pregunta que casi nadie se hace
Amaya sostiene que el jugador busca caerse de la manera menos comprometida posible cuando le toca, pero se pregunta si alguien se lo enseñó. De ahí surge su tesis central: así como se entrena la técnica de juego, también se puede entrenar la caída.
El recuerdo de Palermo 2019 funciona como caso testigo. Nero quiso seguir jugando después del golpe, estuvo unos minutos en cancha y se dio cuenta de que no podía. Esa noche no pudo celebrar con sus compañeros el título más importante del mundo de este deporte.
El episodio dejó una certeza: la seguridad en el polo no depende solo de la destreza sobre el caballo. También de saber qué hacer cuando el cuerpo ya no responde y el suelo se acerca.