En Saladas, Corrientes, la pareja de ganaderos Sara María Álvarez y Jorge “Pipo” Baibiene ha convertido su criadero de búfalos de carne en una pequeña lechería artesanal llamada Búfala Negra, que lleva operando un año y medio.

El proyecto surgió cuando un amigo les propuso ordeñar una búfala para preparar dulces lácteos; la propuesta los impulsó a formarse en la producción de leche.

En 2025 seleccionaron las primeras hembras para el ordeñe y, hoy, el rebaño reúne cerca de 30 búfalas en producción.

Rendimiento y genética

Al inicio la producción estaba por debajo de los tres litros diarios por animal; tras mejorar la alimentación, la media se duplicó, alcanzando alrededor de seis litros por búfala.

"Nunca habíamos trabajado con leche, era un terreno nuevo para nosotros", comentó Álvarez.

Este año inseminaron 27 hembras mediante inseminación artificial (IATF) y lograron una tasa de éxito del 50 %, usando semen de una línea italiana de raza Mediterránea, cruzada con Murrah.

"Los italianos desarrollaron una variante con alta capacidad lechera; eso la diferencia de otras razas", explicó Baibiene.

Mercado y diversificación

Los productos se comercializan principalmente en ferias rurales y eventos gastronómicos, donde los consumidores prueban y solicitan los quesos directamente.

"La gente se entusiasma con lo que prueba y nos llama para hacer pedidos", señaló Álvarez.

Según Baibiene, la leche de búfala permite obtener más queso con menos volumen: para producir un kilo de queso se requieren 5 L de leche búfala, frente a 8‑10 L de leche bovina.

La familia ha ampliado su catálogo con variedades como stracciatella, burrata, ricota y yogur, atrayendo a turistas y amantes de la gastronomía que buscan experiencias regionales.

Con la demanda superando la capacidad actual, los emprendedores planean ampliar su rebaño y explorar nuevos canales de comercialización.