El miércoles 28 de octubre de 2026, la Casa Rosada autorizó la salida de Flavio Bolsonaro, candidato derrotado en Brasil, pese a la prohibición impuesta por el juez Alexandre de Moraes. La medida, que implicó coordinación logística para su traslado a Miami, marcó un paso de la retórica a la acción en la relación entre Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva.
Facilitación de la fuga
Según fuentes oficiales, el gobierno argentino organizó el cruce de frontera y el vuelo internacional sin notificar a las autoridades brasileñas. La decisión se produjo justo cuando funcionarios estadounidenses bajo la administración de Donald Trump dieron luz verde para que Bolsonaro ingresara a territorio estadounidense.
"Le dimos permiso para entrar al país; ya veremos qué pasa", declaró el presidente estadounidense cuando se le preguntó por la presencia del exsenador.
Bolsonaro, una vez en Miami, se autodenominó "presidente de Brazil" y difundió un comunicado con el escudo del país en inglés, generando críticas en ambos lados del Río de la Plata.
Repercusiones diplomáticas
Brasil calificó la acción como una violación de la soberanía judicial y exigió explicaciones a Buenos Aires. Por su parte, analistas apuntan que la maniobra refleja una alineación de Milei con los intereses de EE.UU. en la región, más que una disputa bilateral.
En el Congreso argentino ya se presentaron proyectos de ley y solicitudes de informes para evaluar la política exterior del Ejecutivo y sus posibles implicancias internas.
Reacciones internas
En Buenos Aires, manifestaciones del domingo pasado corearon "Cristina libre", evidenciando la polarización que la medida ha avivado. Mientras tanto, el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, reconoció la victoria de Lula y se perfila como candidato de la derecha para las elecciones de 2031.
"Agradezco la ayuda brindada por Argentina", expresó Flavio Bolsonaro en una entrevista tras su llegada a EE.UU., a pesar de que portavoces de Milei negaron cualquier intervención directa.
El episodio deja abierta la posibilidad de una escalada diplomática que podría afectar tanto la agenda bilateral como la posición de Argentina en el contexto geopolítico latinoamericano.