El presidente del Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada (CESTA), Ricardo Navarro, sostuvo que la crisis de los ríos en El Salvador no se explica solo por fallas en la recolección de residuos. En diálogo con la emisora local Radio YSUCA, el ambientalista señaló que el origen del problema está en la fabricación masiva de envases descartables y en la ausencia de normas que la limiten.
Según Navarro, cuando las lluvias arrastran basura hacia los cauces, el fenómeno expone un modelo de producción que no se detiene. La recolección municipal, dijo, no alcanza a compensar ese volumen.
Los números detrás de la basura
El dirigente tomó como referencia los registros del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN). De acuerdo con esos datos, el 40% de los residuos que genera el país es materia orgánica, mientras que los plásticos superan el 25% del total.
Navarro planteó que los restos de comida deberían volver a la tierra como abono. En cambio, terminan revueltos con otros materiales en botaderos o directamente en fuentes de agua. Esa mezcla satura instalaciones como el relleno sanitario de MIDES y genera roces entre comunidades.
Como contraste, el ambientalista destacó la ordenanza del municipio de Suchitoto, en Cuscatlán, que hizo obligatoria la separación de la materia orgánica en los hogares para bajar el volumen de desechos.
Ríos tapados y cuencas degradadas
El panorama que describió Navarro incluye desbordamientos recientes por taponamientos de basura en afluentes de Sonsonate y una acumulación masiva de envases en el río Grande de San Miguel. También mencionó el deterioro del Lempa, que en época seca baja tanto su caudal que queda como un terreno pedregoso, y el estado del Acelhuate, donde las brigadas encontraron objetos de gran tamaño arrojados por la población, entre ellos refrigeradores completos.
El daño que no se ve
Para Navarro, la basura visible es solo una parte del problema. El sol, el viento y el agua fragmentan los materiales sintéticos hasta convertirlos en micropartículas y nanopartículas que ingresan en las cadenas biológicas y en los ciclos ambientales del país y del planeta.
El presidente del CESTA citó investigaciones médicas que hallaron esos residuos en fluidos y tejidos vitales.
"En los seres humanos mayores de 50 años encuentra usted 0.5% de partículas de nanoplástico en el cerebro humano; ya no digamos en la sangre, en el corazón o en la placenta humana", alertó Navarro ante Radio YSUCA.
Según el ecologista, esa intrusión en el sistema nervioso central puede reducir el coeficiente intelectual de la población y alterar funciones básicas del cuerpo. Además, remarcó que la presencia de estos compuestos en las nubes y el aire muestra una alteración profunda de los ecosistemas globales.
"El plástico ya forma parte de la química de la vida; eso es lo que hay que entender", subrayó.
Para el referente social, la contaminación por polímeros dejó de ser un asunto estético o de obstrucción de cauces: hoy es un factor directo de deterioro fisiológico que alcanza a toda la población salvadoreña por igual.