La escritora argentina Adriana Riva acaba de publicar "Entre otras", un libro que indaga en la maternidad desde un lugar incómodo: el de una hija que recorre la casa de su madre buscando pistas de quién fue, y el de una madre que se pregunta cuánto de ese rol se puede elegir y cuánto se repite sin querer. En diálogo con la prensa, Riva plantea una idea que atraviesa todo el volumen: "No existe la madre pura, casta, buena, perfecta; cada uno hace lo que puede".

El disparador del libro fue un ejercicio de taller. Hace dos años, desde Traslasierra, Riva recibió una consigna del escritor Federico Falco en un taller literario por Zoom: trabajar en serie a partir de un artista visual que fotografiaba todo lo amarillo que encontraba en la vía pública. Al terminar la clase, la autora abrió "Punto de fuga", de David Markson, y se topó con una frase subrayada: "Joseph Cornell vivió con su madre toda su vida". Ahí apareció la idea: usar el mismo dispositivo de Markson, pero con madres que ya venía acumulando de sus lecturas. A la clase siguiente llevó cuatro carillas escritas y el entusiasmo del grupo la convenció de seguir.

Un inventario de la casa materna

En "Entre otras" la narradora recorre la cocina, el baño y la mesa de luz de la casa de su madre. Busca objetos, arma un inventario y se pierde en sus libretas: páginas de anotaciones diarias, tachaduras, mandados, nombres, horarios. "Su caligrafía es apurada, calca la urgencia de la vida", escribe Riva. Y más adelante: "Es más fácil reconocer las pertenencias de una madre que a una madre".

Ese plano íntimo se cruza con otro: el de las citas de artistas célebres que funcionan como microcuentos. Por ejemplo, la respuesta de Mary Foley a su hijo Arthur Conan Doyle cuando le confesó que quería matar a Sherlock Holmes: "¡No lo hagas! ¡No puedes! ¡No debes!". O la historia de Margaret Ogilvy, que tras la muerte de su hijo David a los 13 años se metió en la cama y se abrazó a su ropa de bautismo, mientras su otro hijo, James Matthew Barrie, de 6, entraba en puntas de pie para hacerla reír. Ese es el primer recuerdo del autor de Peter Pan sobre su madre: una sonrisa robada al llanto.

La relación asimétrica entre madres e hijos

Riva también reflexiona sobre el poder que ejerce una madre sobre sus hijos. "Hay que andarse con cuidado de ese poder que uno tiene para que sea algo amoroso y no abusivo", advierte. La autora es hija y madre de tres mujeres, y confiesa una debilidad por las madres de todo tipo: "Hay madres muy violentas y dañinas, hay madres muy amorosas, hay madres muy locas, madres depresivas. Hay para todos los gustos", dice entre risas.

La maternidad es un tema que Riva viene trabajando desde sus libros anteriores. Aparece en algunos relatos de "Angst" (2017), es central en la novela "La sal" —que define como "una deconstrucción del rol materno"—, atraviesa el poemario "Ahora sabemos esto" y está presente en "Ruth", donde la protagonista es una viuda de 82 años con hijos adultos.

Lo que opina la madre real

La madre de Riva leyó el libro y le encantó. Según cuenta la autora, fue el que más le gustó porque se demoró buscando cada una de las referencias. "No es tan afín a la literatura", aclara Riva, pero el juego de reconocer nombres y citas la atrapó.

La escritora también se detiene en el miedo a repetir los errores maternos, algo que aparece en charlas con amigas, hermanas y primas. "Se ve siempre cuando uno charla con amigas o con hermanas o con primas: el miedo a repetir los errores y hasta dónde uno quiere parecerse a la madre que tuvo", plantea. En ese punto, el libro se corre del retrato idealizado y se mete en la multiplicidad que habita en la maternidad: la que cuida y la que lastima, la que anota todo y la que no puede recordar nada.