La decisión se toma hoy y el resultado se ve recién dentro de dos décadas. Un productor forestal que evalúa plantar pinos para cosechar en 15 o 20 años mira primero si habrá quién le compre esa madera. Con la demanda interna en mínimos históricos, la respuesta que recibe no lo entusiasma. Francisco "Pancho" Torres, coordinador de la Asociación Forestal Argentina (AFOA) en Corrientes y Misiones, lo resumió sin vueltas: "El productor termina, o sea, deja de plantar".

El diagnóstico surgió en un seminario forestal realizado en Misiones. Allí, cada vez que la conversación se orientaba a la exportación, el mismo obstáculo reaparecía: el costo del flete y otros gastos que dejan a los actores locales fuera de competencia.

La presión que baja por la cadena

El mecanismo es simple y se repite. Si el aserradero vende menos, recorta costos. Esa presión se traslada hacia atrás hasta llegar al que tiene los árboles en el campo. Cuando la demanda cae, además, el industrial difícilmente pueda mejorar el precio que le paga al productor.

La cuenca del norte de Corrientes y Misiones abastece, entre otros rubros, a la construcción con madera estructural y revestimientos. Con la obra pública frenada, esa caída se nota en los pedidos. Algunas firmas que ya exportaban están derivando más producción a ese canal. Otras, acostumbradas al mercado interno, salen a buscar sus primeros clientes afuera.

Dos provincias, dos historias forestales

Corrientes y Misiones comparten la actividad, pero llegaron por caminos distintos. En Misiones la tradición maderera viene de la selva y convive con una red de pequeños productores, aserraderos y una industria celulósica de peso, la de Alto Paraná, hoy Arauco. En Corrientes, en cambio, el desarrollo se apoyó en plantaciones de gran superficie. A esa oferta de madera se están acercando más aserraderos.

Para Torres todavía hay margen para ampliar la superficie plantada, sobre todo si los árboles conviven con la ganadería. El transporte fluvial aparece como una de las claves para ganar competitividad: según el dirigente, mover la madera por río podría reducir el costo en unos 1.000 dólares por contenedor, siempre que se flexibilicen otras normativas. Ambas provincias están lejos del puerto de Buenos Aires y, en su visión, tienen un interés común en combinar camión, puertos y navegación para sacar la producción.

Salidas posibles y un límite de fondo

¿Hay otros negocios para que el forestador no detenga la implantación? Torres mencionó la extracción de resina de pino como ingreso complementario y los bonos de carbono como un mercado prometedor. En Corrientes ven además una oportunidad en los sistemas silvopastoriles, que permiten sumar árboles en campos donde se sigue criando ganado.

También hay que mirar qué se vende. Fabricar productos con mayor procesamiento puede abrir mercados y ayudar a repartir el peso del flete. El caso de Bosques del Plata lo ilustra: implantó casi 60 mil hectáreas de pinos para una pastera que nunca se concretó, modificó su manejo forestal y hoy abastece a más de 30 industrias madereras.

El problema inmediato, de todos modos, está adentro. En un país con demanda débil y baja competitividad sistémica, las alternativas funcionan más como paliativos que como solución de fondo. La decisión de postergar una plantación ya se está tomando; su efecto sobre la oferta de madera se verá varios años después.