El viernes, el indicador de riesgo país de Argentina, calculado por JP Morgan, volvió a cruzar la barrera de 600 puntos básicos, nivel que no se alcanzaba desde el 7 de abril. El dato refleja la ampliación de la brecha entre los bonos del Tesoro estadounidense y los títulos soberanos argentinos.
Factores internacionales
El aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE. UU., que ahora rondan el 5 % anual, ha hecho más atractivo el refugio en activos de bajo riesgo. A su vez, la escalada de los precios del petróleo, que superó los USD 100 por barril, y la política de alza de tasas de la Reserva Federal, añaden presión sobre los mercados emergentes.
Señales locales
Los inversores siguen mostrando recelo ante la capacidad del gobierno para cubrir vencimientos de deuda. En 2027, se estiman necesidades de divisas superiores a 21 000 millones de dólares para pagar compromisos con acreedores privados y organismos multilaterales. Además, la compra de reservas por parte del Banco Central se ha desacelerado en el bimestre agosto‑septiembre, reduciendo el colchón de dólares disponibles.
"La subida del riesgo país refleja una combinación de factores externos e internos", señalaron analistas de Mills Capital.
El entorno social también pesa: la caída de la actividad en sectores intensivos en mano de obra y el aumento de la pobreza generan dudas sobre la continuidad del programa económico, sobre todo si el presidente Javier Milei pierde las próximas elecciones.
Consecuencias para la financiación
Con un riesgo país de 600 puntos y rendimientos estadounidenses del orden del 5 % (equivalente a 500 puntos), el costo teórico para emitir nueva deuda internacional se acercaría al 11 % anual, una tasa que el gobierno consideraría prohibitiva. Ante esa situación, Argentina se ve forzada a pagar los vencimientos con dólares en efectivo, limitando su acceso a los mercados internacionales.
"No vemos un cambio estructural en los fundamentals, sino una mayor volatilidad que eleva la prima al riesgo", añadieron los analistas de Mills Capital.
El escenario obliga al Ejecutivo a buscar alternativas de financiamiento interno y a reforzar la gestión de reservas para evitar una mayor presión sobre la balanza de pagos.