En las últimas tres semanas la corriente conservadora vinculada al presidente Javier Milei sufrió una serie de reveses electorales y políticos en varios continentes, debilitando la red de apoyo que había fortalecido su gestión.

Derrotas en América Latina

En Brasil, Lula da Silva logró revertir la tendencia y ganó la primera vuelta frente a Flavio Bolsonaro, quien había sido visto como el futuro mandatario. La victoria de Lula volvió a colocar al país bajo una dirección opuesta a la de Milei.

En Paraguay, el presidente Santiago Peña, conocido como el “Golden boy” de la nueva derecha latinoamericana, fue destituido tras un escándalo de quiebra bancaria que involucró fondos oficiales.

En Chile, el candidato de la ultraderecha José Antonio Kast cayó bajo el 30 % en todas las encuestas tras su polémica propuesta de reducir penas a condenados por abuso sexual.

En Hungría, las elecciones de marzo dejaron fuera de la escena al primer ministro Viktor Orbán, quien había sido un referente del nacionalismo europeo.

"La batalla cultural ha triunfado y los pueblos se han vuelto de derecha", afirmó Agustín Laje, referente ideológico de Milei.

Retroceso en el escenario internacional

En Israel, la coalición opositora liderada por Gadi Eisenkot reunió 67 parlamentarios frente a los 46 del primer ministro Benjamin Netanyahu, poniendo en riesgo su continuidad en el poder.

En Estados Unidos, el expresidente Donald Trump fue superado por los demócratas en las elecciones de medio término, con derrotas notables en estados como Kansas, Texas, Carolina del Sur y Misisipi, lo que significó un golpe duro a la extrema derecha global.

"Tengo un jefe que de la nada llegó a la Presidencia de la Nación y en dos años y medio cambió la forma de votar de todo un continente. Todo muy normal", comentó el exministro de Economía Luis Caputo en tono de celebración.

Estos reveses, simultáneos y en distintas regiones, reducen la capacidad de influencia de la derecha vinculada a Milei y obligan a su gobierno a buscar nuevas alianzas.