Scarlett Johansson lleva tres décadas en pantalla y sigue eligiendo proyectos que la corren del lugar donde la industria quiso fijarla. La actriz, que debutó de adolescente en 1996 con Manny y Lo, construyó una carrera que pasó del cine de autor a los superhéroes y, en 2025, a la dirección con su primer largometraje.

En sus primeros años trabajó con realizadores como Robert Redford y Joel Coen. Pero el papel que la instaló en la conversación fue el de Lost in Translation (2003), de Sofia Coppola, donde empezó a quedar atada a una etiqueta: la de la amante secundaria o el objeto de deseo. Esa imagen le cerró la puerta a otro tipo de personajes.

La etiqueta que costó romper

La etapa con Woody Allen profundizó ese perfil en títulos como Match Point (2005) y Vicky Cristina Barcelona (2008). Con los años, Johansson tomó distancia de esa faceta. En 2026 lo explicó con sus propias palabras:

"Lo que se ofrecía en ese momento para mujeres de mi edad […] era mucho más limitado que ahora", señaló la intérprete.

El teatro fue su vía de escape. Ahí encontró, según contó, "una gran manera de trabajar otros registros y salir de ese patrón". Después pudo trasladar esa experiencia al cine.

El giro que llegó con Marvel

El cambio de escala llegó en 2010, cuando se sumó al universo cinematográfico de Marvel con Iron Man 2, de Jon Favreau, en la piel de Natasha Romanoff, la Viuda Negra. Los trajes ajustados siguieron, pero el rol le permitió construir un personaje con capas a lo largo de casi una década y siete películas.

Su despedida del UCM fue en 2021 con Viuda negra, la precuela que cerró el arco de su personaje y abrió la puerta para Florence Pugh como Yelena Belova.

Cine de autor y ciencia ficción en paralelo

Mientras era una estrella de Marvel, Johansson siguió apostando por proyectos de autor, muchos de ellos dentro de la ciencia ficción: Under the Skin (2013), de Jonathan Glazer, que ella describió como una "joya oculta" de su filmografía; Her (2013), de Spike Jonze, donde actuó solo con la voz; y Ghost in the Shell: El alma de la máquina (2017), de Rupert Sanders.

También se convirtió en una presencia habitual del cine de Wes Anderson, con Asteroid City (2023) y La trama fenicia (2025). Sobre ese método de trabajo, declaró en 2023:

"A Wes le entusiasma el proceso de las tomas repetitivas y lo que eso saca de ti", afirmó. "Es casi como ensayar una obra de teatro, pero todo queda grabado en vídeo, y me gusta ese tipo de trabajo".

En 2025 dio otro paso: dirigió su primer largometraje, La extraordinaria vida de Eleanor, un drama sobre la vejez que dividió a la crítica. Con ese estreno, Johansson sumó un rol nuevo a una trayectoria que se mantiene en movimiento desde hace casi treinta años.