En una entrevista concedida a este medio, la psicóloga Amorina Díaz, especialista en amaxofobia, explicó que la fobia a conducir, que priva a muchas personas de independencia, puede superarse en tres meses según la mayoría de los expertos. Aunque algunos pacientes llegan a tardar hasta 30 años, el tratamiento adecuado acelera notablemente la recuperación.

Orígenes del temor al volante

Díaz identificó tres factores principales que desencadenan la amaxofobia. El primero se relaciona con personalidades más reservadas y preocupadas por la opinión ajena. El segundo proviene de entornos sobreprotectores, donde la persona está acostumbrada a recibir cuidados constantes. El tercero surge tras experiencias traumáticas, como accidentes de tránsito, siendo este el motivo más frecuente entre los hombres.

"Nos ayudó, como sociedad, a entender que somos seres finitos", comentó la psicóloga, refiriéndose al impacto de la pandemia en la percepción del miedo.

Impacto en la vida cotidiana

Quienes padecen este trastorno pierden autonomía y confianza, lo que repercute en decisiones laborales y personales. "La persona que tiene miedo a manejar pierde independencia y confianza en sí misma; luego, no se anima, por ejemplo, a cambiar de trabajo o a pedir un aumento salarial cuando lo necesita", afirmó Díaz.

El miedo también se refleja en la rutina: evitar visitas a familiares, no poder llevar a los hijos al colegio o postergar oportunidades laborales.

Quiénes buscan ayuda

La mayoría de los casos atendidos por Díaz corresponde a mujeres entre 30 y 50 años. "En mujeres adultas, especialmente madres, la necesidad de conducir para llevar a los niños o desplazarse al trabajo intensifica el temor", explicó.

Los hombres, por su parte, suelen presentar la fobia tras un evento estresante puntual, mientras que en mujeres el factor sociocultural —familias donde nunca se condujo o se transmitió miedo— juega un papel relevante.

Señales y tratamiento

El primer indicio es la evitación constante: excusas para no conducir. Se acompaña de una ansiedad intensa al sentarse al volante y la creencia de que ocurrirá un accidente. La amaxofobia se divide en dos tipos: parcial, donde la persona solo conduce en áreas conocidas o bajo condiciones cómodas, y total, que implica evitar cualquier situación de manejo.

Díaz cuenta con más de 1500 casos de éxito y destaca que la terapia, basada en exposición gradual y reestructuración cognitiva, logra resultados positivos en la mayoría de los pacientes.

Próximos pasos

La especialista invita a quienes sospechan padecer amaxofobia a buscar ayuda profesional, subrayando que el reconocimiento del trastorno y la intervención temprana son claves para recuperar la autonomía.