Mariano Martínez se encontró este miércoles en un lugar incómodo: el piso de La jaula de la moda, el ciclo que conduce en Ciudad Magazine, puso sobre la mesa los atuendos que Lali Espósito y Pedro Rosemblat eligieron para su boda en una casona de San Telmo. El actor, expareja de la cantante, intentó mantenerse al margen del análisis, pero una sonrisa nerviosa lo delató cuando un compañero arriesgó un pronóstico poco alentador para la pareja.

Un comentario que cambió el clima

El momento más comentado llegó cuando Matías Vázquez, conductor de Puro Show por Eltrece, opinó que la vestimenta de los novios no reflejaba la solemnidad de un compromiso de largo plazo. Según su lectura, los trajes parecían pensados para una ocasión más breve que un matrimonio.

“Me animo a decir que es algo que va para un casamiento de seis años. Viste, como un contrato de alquiler”, afirmó Vázquez.

Mientras escuchaba esa intervención, Martínez esbozó una sonrisa que los presentes y las redes sociales no tardaron en registrar. La imagen reavivó el interés por el vínculo que el actor mantuvo años atrás con Espósito, antes de que la cantante iniciara su relación con el periodista.

El intento de neutralidad del conductor

Antes de ese cruce, Martínez había optado por una salida elegante: en lugar de puntuar los looks como sus compañeros, prefirió hablar de los casamientos en general. Destacó que las bodas de mediodía le resultan más disfrutables y que suelen extenderse más, con los invitados con más energía. Fue su manera de participar sin meterse de lleno en el tema.

Rosemblat y la historia detrás de su traje

Del otro lado, el propio Rosemblat también alimentó la conversación al contar en sus historias de Instagram cómo eligió el traje para la ceremonia. Reconoció que no fue sencillo, porque su vestimenta habitual está lejos de la formalidad que exige una boda.

“De los 365 días que tiene el año, hay 350 en los que uso remera negra manga corta”, escribió con humor.

El periodista recordó que, al terminar el colegio, trabajó en un local de ropa junto a un joven de 23 años llamado Mati, a quien describió como alguien con mucho talento. Con el tiempo, ese diseñador abrió su propia marca, Carbone, y una recomendación los volvió a cruzar cuando la boda se volvió inminente.

“Dudé, sufrí, temí. Hasta que alguien me iluminó: llamalo a Mati, andá a Carbone”, relató.

El resultado lo dejó conforme: dijo que se sintió como un piloto de Fórmula 1, un modelo de alta costura o el goleador del Calcio. Y resumió su experiencia el día de la celebración: “Disfruté, reí, bailé y cada vez que me cruzaba un espejo pensaba ‘fa hermano, mirá lo que es esto’. No es un traje, es un Carbone”.