El plan oficial para suspender las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) no encuentra los votos necesarios y la Casa Rosada empieza a resignarse a tratarlo fuera del calendario ordinario. La reforma electoral que el oficialismo quería aprobar en octubre quedó empantanada por la desconfianza que todavía persiste entre el Gobierno y los gobernadores, pese a los contactos de las últimas semanas.
Un octubre que se escapa
La expectativa de llegar al recinto este mes se diluye a medida que pasan los días. Las conversaciones con los mandatarios provinciales avanzaron, pero no lo suficiente como para destrabar el acuerdo. Sin ese respaldo, la suspensión de las primarias pierde sustento y la alternativa que gana terreno es trasladar el debate a las sesiones extraordinarias.
El problema no es solo político. La Cámara Nacional Electoral ya advirtió que, si se modifican las reglas de juego, la decisión tiene que tomarse con la anticipación suficiente para no complicar la organización de los comicios.
La advertencia del organismo electoral
El pedido de la Cámara Electoral funciona como un reloj que corre en contra de cualquier demora. Definir los cambios sobre la hora complica la logística, los padrones y la coordinación con las provincias, por lo que el organismo reclamó que la definición llegue lo antes posible.
La pulseada, entonces, se juega en dos frentes: la negociación con los gobernadores, que sigue sin cerrar, y el tiempo administrativo, que no admite demasiadas postergaciones.
Qué sigue
Con octubre prácticamente descartado, la mira está puesta en las sesiones extraordinarias como escenario para retomar la discusión. El oficialismo necesita reconstruir la confianza con los mandatarios provinciales si quiere llegar con los votos y, al mismo tiempo, responder al reclamo de la Cámara Electoral para que las reglas queden claras con margen suficiente.