Keith Richards y Roger Waters no comparten demasiado en materia musical, pero sí una opinión parecida sobre Black Sabbath: ninguno de los dos tomó en serio a la banda de Birmingham. El guitarrista de los Rolling Stones y el exlíder de Pink Floyd desestimaron al grupo en distintos momentos, y sus declaraciones volvieron a circular en las últimas horas.
Dos veredas del rock británico
Black Sabbath y Pink Floyd nacieron en el Reino Unido durante los años 60. Aunque compartieron época y escena, tomaron caminos opuestos: el grupo de Ozzy Osbourne y Tony Iommi puso los cimientos del heavy metal con riffs pesados y clásicos como "Paranoid" e "Iron Man", mientras que la banda comandada por Waters se inclinó por el rock progresivo y los conceptos ambiciosos.
Esa diferencia estética explica en parte la distancia entre ambos mundos. Para el circuito del rock progresivo, el sonido de Birmingham sonaba excesivo o directamente caricaturesco; para los metaleros, en cambio, esa potencia era la razón de ser del género.
El juicio de las leyendas
La postura de Richards y Waters no fue un episodio aislado, sino la expresión de una grieta que atravesó al rock británico durante décadas. Sus comentarios, rescatados ahora, muestran cómo las dos corrientes se miraban de reojo incluso cuando ya eran fenómenos globales.
"Una broma", habrían sentenciado ambos sobre la banda de Birmingham, según las versiones que circularon.
Más allá de las diferencias, Black Sabbath terminó siendo una de las agrupaciones más influyentes del siglo XX y Pink Floyd, uno de los proyectos más vendidos de la historia. La comparación entre ambos sigue alimentando discusiones entre fanáticos y críticos.