El legado de Roberto Espina, uno de los nombres centrales del teatro de títeres en el ámbito hispanohablante, vuelve a escena este viernes 23 de octubre a las 19 en el Centro Cultural Casona Municipal de Córdoba, ubicado en avenida General Paz 395. La propuesta se llama “El espinazo infinito” y combina relatos, poesía, música y títeres para reconstruir la figura del creador. La entrada es libre y gratuita.

La jornada reúne a artistas ligados a su obra y a su entorno. Quique Di Mauro aportará memorias en video; Lucía Di Mauro mostrará títeres dentro de las “pantomimas musicales” de Héctor y Eduardo Di Mauro; Daniel Di Mauro contará el cuento El monstruo, de Espina; Menta Sáez cantará; Galia Kohan leerá fragmentos del dramaturgo, y Verónica Urbani presentará una función de Lambe Lambe.

Un autor que marcó al teatro de títeres

Nacido en Buenos Aires en 1926, Espina construyó un recorrido decisivo para la disciplina en el mundo de habla hispana. En 1956, con 30 años, fundó el grupo Los Comediantes de la Ruta. Ya en la década de 1960 se sumó al Centro de Estudios de Arte Dramático Fray Mocho, un espacio clave en su formación.

Entre 1959 y 1995 desplegó una escritura con sello propio, que encontró en los retablos y en las puestas de titiriteros hispanohablantes un modo de perdurar y multiplicarse. Su obra se reconoce por la originalidad y por las puertas que abrió para la creación escénica.

Compromiso y utopías

Espina no se limitó a la autoría teatral. Su compromiso estuvo atravesado por la búsqueda de utopías igualitarias, nutridas por las ideas socialistas de los siglos XIX y XX. Para él, la libertad no era una idea abstracta: implicaba elegir, decidir y asumir las incertidumbres y los conflictos que esas decisiones traían.

El dramaturgo y titiritero español Esteban Villarrocha, vinculado al Teatro Arbolé de Zaragoza, recordó esa dimensión humana e intelectual a partir de una relación que cruzó escenarios y fronteras.

“Roberto Espina era un hombre elegante; elegante proviene de elegir, escoger: él eligió su tiempo y sus acciones”, escribió Villarrocha.

En su memoria aparece un hombre libre, apasionado y atravesado por el desasosiego, que sostenía sus convicciones sin evitar las contradicciones. Villarrocha compartió con él recorridos por España, Argentina, Cuba y Portugal, con conversaciones sobre cultura, teatro, política y literatura, además de discusiones intensas sobre ideología, táctica y estrategia.

“Fuimos compañeros”, resumió Villarrocha.

El repertorio que dejó

La producción de Espina abarca títulos como Alocada Avaricia (1959), Las Zorrerías (1959), El Payaso y el pan (1961), La Carpa de Trufaldino (1968), El Té se Enfría (1968), La Vaca Blanca (1973), Sin ton ni son (1973), El Sueño del Juicio (1983), JuandeMaríade (1984), El Ensayo o Quién le teme a Beau Geste (1987), La Edad Dorada (1991) y Guanahani (1995), entre otras piezas. También firmó el ciclo La República del Caballo Muerto, desarrollado entre 1968 y 1990.

El encuentro del viernes busca recuperar esas múltiples capas: el creador, el pensador y el compañero de ruta. Una oportunidad para volver sobre su legado a través de voces, imágenes y expresiones artísticas que mantienen viva su memoria.