En la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ), un proyecto de flores comestibles va mucho más allá de la gastronomía: articula una huerta didáctica y productiva, un programa para adultos mayores, un censo de arbolado urbano y hasta un laboratorio de agricultura de precisión único en el país. La iniciativa, que ya lleva años, involucra a estudiantes, docentes y vecinos en un circuito que comienza en la tierra y termina en tecnología satelital.

Una huerta que enseña y produce

El corazón del proyecto late en la huerta agroecológica, donde confluyen estudiantes, docentes y miembros de la comunidad. Javier Pezzi, investigador y jefe de trabajos prácticos, aclara: “Tenemos esta distinción y está bueno aclararles: es una huerta didáctica. Sí es una huerta productiva, pero didáctica”. El objetivo es cerrar los ciclos, cosechar y recolectar semillas.

Para Federico, estudiante de botánica, el espacio es clave para aplicar la teoría: “Siempre uno se encuentra con todo lo que es el contenido teórico, que muchas veces es abrumador… Pero cuando nosotros tenemos todo este espacio, sí lo podemos poner en práctica todo eso que es el conocimiento”.

Además, el lote cumple un rol social a través del programa UniTE, coordinado por Karina Montiel, que integra a adultos mayores de la zona al trabajo agrícola. “Hacemos una parte teórica que vamos al aula, que les voy explicando cosas importantes para después aplicarlas acá en la huerta. Y después venimos acá… si el clima está lindo para venir a la huerta, venimos acá y hacemos los trabajos”, detalla Montiel.

Del aula al asfalto: extensión universitaria

El vínculo con la comunidad también se traslada a la ciudad. Miguel Ángel Della Villa, secretario de Extensión, detalló el trabajo que realizan los alumnos con el censo de arbolado urbano en el municipio de Almirante Brown. Ya llevan registradas más de 250.000 especies, información vital para entender los servicios que brindan los árboles y mejorar la calidad de vida en la ciudad.

Invernáculos: precisión y cuidado

En los invernáculos se prueba y ajusta la técnica de cultivo. Para ser más eficientes y ecológicos, desde la cátedra de Horticultura y Floricultura están migrando “a la fibra de coco, a sustratos más orgánicos”. El riego se mide al milímetro con un sistema de espagueti para darle a cada maceta el agua justa, y se usan redes de tutorado porque, “a medida que la planta va creciendo lo vamos separando… de esa manera evitamos que se vuelque, que se caiga, que aplaste una planta con la otra”.

Sobre el consumo, el mensaje es claro: “Todas las especies de rosas son comestibles”. Lo mismo ocurre con las caléndulas y las aromáticas. La única regla innegociable es no consumirlas si tienen agroquímicos.

Ciencia para alargar la vida de los pétalos

En el Instituto IPAS, Silvina Sanches y el equipo de Fitopatología estudian cómo extender la vida útil de los pétalos. “Nosotros vamos a analizar qué carga microbiana tienen las flores comestibles, pero acá lo analizamos poscosecha… el post que me deteriora esas flores”, explica la docente, que busca técnicas orgánicas para reducir el deterioro sin productos químicos.

Tecnología de punta en el mismo predio

Como cierre del recorrido, la facultad esconde una sorpresa tecnológica de alto vuelo. En el mismo predio donde se procesan flores en nitrógeno líquido a -73 grados para estudiar su poder antioxidante, funciona el primer laboratorio de agricultura de precisión de una entidad nacional pública. José María Aulicino, secretario administrativo económico, mostró cómo se capacita a los agrónomos para manejar las máquinas que hoy dominan el mercado. “Aquel que compra una maquinaria de muchos millones de dólares, luego cómo poder manejarla”, señaló.

El proyecto de flores comestibles de la UNLZ se consolida así como un ejemplo de cómo la universidad pública articula producción, extensión y tecnología de vanguardia.