Disney y Netflix firmaron un acuerdo para que la plataforma de Ted Sarandos pueda emitir contenido que hasta ahora era exclusivo de la compañía del ratón. La noticia, adelantada por la revista especializada Variety la semana pasada, marca un giro en la estrategia de las grandes plataformas de streaming, que durante años apostaron a la exclusividad como principal arma de competencia.

El convenio contempla la cesión no exclusiva y por tiempo limitado de películas como toda la saga animada La era de hielo y series como Felicity, Revenge o This is Us. En algunos casos, el paso por Netflix tiene un fin promocional: meses antes del estreno de la sexta película de Scrat y compañía en los cines, los suscriptores de la plataforma podrán ver las entregas anteriores.

Un negocio que ya no es lo que era

La decisión se entiende mejor con un poco de historia reciente. En 2019, con el lanzamiento de Disney+ y pocos meses después de HBO Max, comenzó lo que se conoció como la "guerra del streaming". Cada empresa cerró sus contenidos y estableció exclusividades para quedarse con una porción del mercado que Netflix dominaba con comodidad. Eso obligó a los usuarios a sumar suscripciones: para ver Toy Story había que tener Disney+, para Batman, HBO Max, y así.

La competencia tenía sentido en un contexto de pandemia, cuando el encierro disparó el consumo de streaming. Pero también generó costos astronómicos y una inflación de gastos sin amortización clara. Cuando Wall Street empezó a pedir números negros, llegaron los recortes, la caída de proyectos y los despidos. La fiesta se terminó y las plataformas tuvieron que enfocarse en retener suscriptores.

El impacto en los usuarios y la piratería

El modelo original parecía imbatible: ingresos mensuales constantes y una oferta variada. Sin embargo, la acumulación de plataformas y los precios elevados —hasta US$35 mensuales por servicio en Estados Unidos— hicieron inviable sostener tantas suscripciones. Hoy el promedio por hogar en ese país es de dos plataformas, y en Argentina la situación es similar. La piratería online creció hasta superar los niveles previos a la irrupción de Netflix.

El nuevo acuerdo entre Disney y Netflix funciona como un "win-win": Netflix obtiene franquicias reconocidas y Disney una ventana extra para rentabilizar sus productos. Ambos evitan invertir en contenido nuevo, que es más caro y riesgoso. Según Variety, estos convenios son elásticos y podrían modificarse con el tiempo.

Un cambio de época

La noticia llega después de varios acuerdos similares entre plataformas, pero este caso es más amplio y abarca más marcas. Marca un regreso parcial al modelo anterior a la guerra del streaming, aunque con menos vuelo que el original. El negocio ya no está tan bien como parecía, y las empresas buscan fórmulas para sostener sus números sin resignar suscriptores.

El acuerdo entre Disney y Netflix es una señal de que la exclusividad absoluta ya no es rentable. Las plataformas empiezan a entender que compartir contenido puede ser más negocio que encerrarlo. Habrá que ver si otras compañías siguen el mismo camino.