En 1895, los hermanos Lumière filmaron frente a la puerta de su fábrica en Lyon, Francia un breve registro de 46 segundos que mostraba a trabajadoras, hombres, una bicicleta y un perro. Ese primer "corto" prefigura el formato que, más de un siglo después, se ha convertido en la unidad básica de contenido en la era de los algoritmos.
De una limitación técnica a una lógica algorítmica
En aquel entonces la duración estaba impuesta por la capacidad de almacenamiento y proyección. Hoy, los algoritmos interpretan la corta atención del usuario y priorizan fragmentos de menos un minuto. El mismo principio guía la distribución de TikTok, Reels de Instagram y Shorts de YouTube, y también de micro‑dramas verticales que emergen en la red.
"Los argentinos pasan en promedio en la plataforma el tiempo de una película por día y abren la app unas once veces", señaló Astrid Mirkin, directora general de TikTok para Sudamérica y Miami.
Impacto en el mercado argentino
Según el Social Media Short Video Report 2026 de Metricool, se analizaron 6 177 375 videos publicados por 375 462 cuentas. TikTok lidera en visualizaciones y alcance, mientras Instagram destaca por la cantidad de comentarios y compartidos. En Argentina, el 76 % de los usuarios descubre nuevas marcas en TikTok, el 65 % la usa para investigar compras y el 60 % ha adquirido un producto después de verlo.
Cada mes se registran alrededor de 150 000 millones de reproducciones en el país, consolidando al video corto como la principal interfaz de descubrimiento, más que como una interrupción del consumo tradicional.
Historia publicitaria y reconocimiento
El formato corto ya era explotado por la publicidad en 1941, cuando Bulova introdujo un pre‑roll de diez segundos como primer patrocinio audiovisual. Recientemente, los TikTok Ad Awards Argentina premiaron la creatividad de agencias y creadores locales, subrayando la relevancia del short video en la industria.
"La televisión es la vida. Todo pasa en la televisión… Tiene un poder tremendo", recordó el fallecido periodista Chiche Gelblung en una entrevista con Jorge Lanata, frase que hoy se traslada al lenguaje de los clips digitales.
El video corto ha dejado de ser una mera duración para convertirse en una lógica de producción, descubrimiento y circulación con identidad propia, marcando el futuro del contenido audiovisual.