La cooperativa Cimbra, dirigida por el arquitecto Joaquín Trillo, está desarrollando la producción sostenible de bambú en las Yungas de Jujuy. La iniciativa, consolidada a partir de 2021, busca articular a comunidades locales, pequeños productores y entidades públicas para generar una bioeconomía regional.

Orígenes y objetivo de Cimbra

En 2020 un grupo de profesionales de extensión rural fundó Cimbra con un enfoque socio-ambiental. Su meta era ofrecer soluciones integrales de hábitat, combinando construcción con sistemas alternativos y ocupación sostenible del territorio. Desde entonces, la cooperativa ha centrado sus esfuerzos en promover el bambú como recurso clave para la región.

"Estamos trabajando para unir a todos los actores y darle el lugar que se merece", afirmó Trillo.

Acciones en terreno

Desde el año anterior, Cimbra organizó capacitaciones, eventos como el II Encuentro Regional del Bambú en Calilegua (septiembre) y estableció la red Rizoma Bambú. La red reúne a comunidades, productores, gobiernos e instituciones para impulsar cadenas de valor que incluyan oficios, construcción, artesanías y biomateriales.

Los estudios locales indican que Argentina cuenta con 22 especies nativas de bambú, distribuidas en tres grandes regiones: las Yungas del NOA, la selva paranaense del litoral y la selva valdiviana patagónica. En las Yungas se identifican 6 variedades, siendo la Chusquea Deficiens la más estudiada. Trillo señaló que, en sus recorridos, han registrado 15 especies presentes en Salta y Jujuy.

Retos y perspectivas

A pesar de la potencialidad de la zona, gran parte de los plantíos están en terrenos privados, como los de ingenios azucareros. El proyecto busca revertir esa tendencia mediante convenios productivos con pequeños productores y organizaciones campesinas e indígenas, garantizando el acceso a bambusales y su manejo sostenible.

El objetivo final es cerrar el ciclo: producir bambú, curarlo mediante inmersión en sales de boro y transformar la materia prima en productos de mayor valor agregado. Según Trillo, “no basta con que haya bambusales; deben gestionarse de forma sostenible para asegurar una oferta local continua y una demanda que permita crear oficios y emprendimientos”.

El trabajo se concentra en el Valle del Río San Francisco, donde se están tejiendo alianzas para fortalecer la organización territorial, respetando la naturaleza y los saberes locales.