La colza y el sorgo, dos cultivos que durante años quedaron relegados frente a la soja, el maíz y el trigo, empiezan a mostrar señales de expansión en la Argentina. Así lo planteó Federico Pisoni, gerente comercial de RAGT Semillas, durante una exposición de cultivos que la empresa francesa realizó en Junín. Según el ejecutivo, la demanda internacional de aceites y los nuevos usos industriales abren una oportunidad concreta para estas alternativas.

El dato que mejor dimensiona el potencial: mientras la colza ocupa alrededor de 44 millones de hectáreas en el mundo, en el país la superficie ronda las 150.000 hectáreas. Para Pisoni, esa brecha marca el margen de crecimiento disponible.

La colza y el impulso de los biocombustibles

El regreso de la colza al radar de los productores tiene varios motores. Uno es la demanda sostenida de aceite en el mercado externo. Otro es la elaboración de combustibles sostenibles para la aviación, un negocio que también traccionó a la camelina y la carinata, dos cultivos emparentados que compiten por área.

La colza ya tuvo un pico productivo hacia 2011, cuando muchos productores de Entre Ríos la eligieron como opción invernal. La falta de conocimiento sobre su manejo y su cosecha la devolvió rápido al olvido. Hoy, con materiales genéticos de mayor potencial de rendimiento y un esquema de negocio a contrato, el escenario es distinto.

"La colza está volviendo a ganar interés en el productor", resumió Pisoni.

El ejecutivo también puso la lupa sobre Uruguay, donde la superficie de colza ya alcanzaría las 400.000 hectáreas. Ese desarrollo funciona como referencia regional para medir lo que podría pasar de este lado del Río de la Plata.

"Desde Argentina lo vemos como un ejemplo a seguir, porque creemos que el potencial de colza en Argentina es muy superior a lo que se está dando", sostuvo.

El sorgo y una etiqueta difícil de sacarse

Entre los cultivos de verano, el sorgo carga con un estigma: suele destinarse a lotes bajos, salinos o de menor calidad, mientras los mejores terrenos quedan para la soja o el maíz. Las empresas semilleras intentan cambiar esa costumbre.

El cultivo sumó innovación y eventos biotecnológicos que facilitan su manejo. Además, los precios se mantuvieron en niveles históricamente altos durante los últimos años. Para Pisoni, esas condiciones ofrecen oportunidades que todavía no se aprovechan del todo, en buena medida por el criterio con el que se lo siembra.

Qué falta para que el cambio se consolide

Más allá de la genética y los avances tecnológicos, el ejecutivo advirtió que será necesario modificar algunos criterios productivos para que ambos cultivos desplieguen su potencial. La diversificación de las rotaciones agrícolas aparece como el argumento de fondo: sumar opciones permite repartir riesgos y aprovechar ventanas comerciales que hoy quedan vacías.

La próxima campaña podría profundizar la tendencia, aunque la colza todavía está lejos de las oleaginosas tradicionales en superficie. El sorgo, por su parte, sigue esperando que los productores le den una chance en los mejores ambientes.