En 1964, el entonces desconocido actor de televisión Clint Eastwood aceptó protagonizar Por un puñado de dólares, dirigida por el italiano Sergio Leone, iniciando una alianza que redefiniría su trayectoria.

La cinta se convirtió en un éxito rotundo y llevó a Leone a volver a contratar al estadounidense para La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966), consolidando al actor como el arquetipo del pistolero del western.

A pesar del triunfo, al terminar la tercera entrega Eastwood dejó clara su intención de no quedar atado a ese personaje ni al estilo del director. > "No quiero seguir repitiendo al mismo pistolero", recordó Eastwood en entrevistas posteriores.

Leone, interesado en mantener la alianza, propuso un proyecto de gánsteres basado en la novela The Hoods de Harry Grey, imaginando al actor como un mafioso irlandés, pero el guion aún estaba en fase de borrador.

El actor rechazó la idea, argumentando que la propuesta carecía de una historia definida y que corría el riesgo de repetir fórmulas ya explotadas.

Consecuencias y caminos divergentes

Leone abandonó temporalmente el guion y regresó al western, mientras Eastwood se abrió a otros géneros, lo que le permitió consolidar una trayectoria como actor y, más tarde, como director.

Años después, en 1984, Leone culminó su sueño de película de gánsteres con Érase una vez en América, protagonizada por Robert De Niro, mientras Eastwood ya había construido una reputación independiente.

La ruptura con Leone resultó decisiva para que Eastwood escapara del estereotipo del pistolero y ampliara su repertorio, sentando las bases de la carrera que lo llevaría a dirigir clásicos como Los imperdonables.