La Casa Rosada atraviesa una semana de cortocircuitos internos que ya impactan en la política y en la economía. La mesa política del Gobierno no se reúne por segundo martes consecutivo, la disputa con Patricia Bullrich se acerca a un punto de no retorno y la cuenta regresiva para suspender las PASO sigue sin avances por desacuerdos internos. Un integrante del primer anillo presidencial lo resumió con una imagen: "Estamos como en el día de la marmota".

El malestar se instaló en el Ejecutivo. Un miembro de la mesa política fue más directo tras la noche del miércoles, cuando la derrota de Donald Trump en Estados Unidos se combinó con nuevas desinteligencias en el gabinete: "Estamos sin conducción. Cada uno hace su juego".

El costo en los mercados

El clima de frustración convive con señales económicas que incomodan. El riesgo país no encuentra techo y las acciones argentinas muestran una corriente vendedora en Wall Street, desacopladas de la buena reacción de los mercados internacionales al triunfo demócrata. En ese contexto, la ortodoxia del equipo económico empezó a mostrar fisuras: después de meses en los que cualquier idea para fomentar la reactivación era tildada de "plan platita", Luis Caputo anunció alicientes para mejorar el acceso al crédito y para aliviar en ARCA la asfixia de los sectores económicos rezagados.

El proyecto que terminó retirado

La cadena de transmisión del gabinete mostró serios cortocircuitos con la Ley de Competitividad Financiera. El Poder Ejecutivo firmó el proyecto el sábado y lo remitió al Congreso. El texto ingresó formalmente a la Cámara de Diputados el lunes, bajo un fuerte hermetismo, y tomó estado público el martes. Las alarmas de los inversores sonaron cuando se conoció que uno de los artículos gravaba con Ganancias la venta de CEDEARs, una medida considerada "anti-mercado" en un contexto complejo de suba del riesgo país.

Esa misma noche, a las 22:50, el vicejefe de Gabinete, Ignacio Devitt —que fue injustamente castigado en redes sociales— debió retirar el proyecto del parlamento. Los autores intelectuales de la iniciativa fueron dos: el Ministerio de Desregulación en la parte regulatoria y el Ministerio de Economía en la impositiva. La mesa política conocía el texto: fue presentado y debatido el 13 de octubre, con Federico Sturzenegger presente e incluso una videollamada con funcionarios de la Comisión Nacional de Valores (CNV) para evacuar dudas.

En ese ámbito, Santiago Caputo advirtió sobre la incongruencia ideológica de gravar a los CEDEARs: "Nosotros bajamos impuestos, no los subimos", planteó. Patricia Bullrich también cuestionó el artículo. Sturzenegger defendió la idea de gravar a todos los inversores por igual para incentivar los instrumentos locales. El debate quedó en el aire y Diego Santilli se comprometió a evaluar la ventana de oportunidad para remitirlo al Congreso.

La versión oficial y la interna

El proyecto fue pulido en los ministerios de Desregulación y de Economía, y lo firmó el propio Javier Milei. Quedó abierta la pregunta sobre si se trató de un descuido, de una "versión vieja" traspapelada —como dijo Felipe Núñez— o de una decisión deliberada de gravar los CEDEARs. Una vez que se movió el avispero en los mercados, el Gobierno retiró el proyecto entero.

"Done. Recuerden que el Presidente nunca defrauda", tuiteó Santiago Caputo, adjudicándose el logro desde su lugar de asesor sin cargo. María Ibarzabal, que ya había advertido que el proyecto era problemático, instrumentó la retirada. El episodio dejó en evidencia un patrón que se repite: desconfianzas, órdenes y contramarchas entre los tomadores de decisiones que rodean a Milei, que pidió resultados pero cosecha pocos avances concretos.