El acceso a la vivienda en la Argentina choca contra dos paredes: la falta de crédito hipotecario de largo plazo y la dificultad de los hogares para juntar el ahorro que exige la compra de una propiedad. Así lo planteó Christian Asinelli, vicepresidente corporativo de Programación Estratégica de CAF - Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, quien sostuvo que el sistema financiero necesita ampliar los plazos y revisar los criterios con los que evalúa a los solicitantes.
En diálogo con Infobae a la Tarde, el directivo comparó el mercado local con el de otros países de la región y subrayó que la vivienda no es solo un tema de infraestructura: también define el acceso a empleo, educación y servicios.
"Cuando hablás de vivienda no estás hablando solamente de infraestructura, estás hablando de hábitat, estás hablando del espacio que puede generar oportunidades", afirmó.
La brecha que separa a la Argentina de la región
Uno de los nudos que identificó Asinelli es el desfase entre el plazo de los depósitos bancarios y el que requiere un crédito hipotecario. Los ahorros se colocan a 30 o 60 días, mientras que un préstamo para comprar una casa puede durar décadas.
"En Argentina la mayoría de los depósitos, los ahorros, son a treinta días, sesenta días, cortísimo plazo. Encajar eso con sistemas de crédito hipotecario de 15 años, 20 años, 30 años es muy difícil", señaló.
Para dimensionar la distancia con otros mercados, el directivo citó cifras: el crédito para vivienda representa cerca del 28% del PBI en Chile, entre el 7% y el 11% en Brasil y México, y apenas entre el 0,2% y el 0,5% en la Argentina.
A esa escasez de financiamiento se suma el problema del anticipo. Aun cuando un banco cubra entre el 70% y el 80% del valor de la propiedad, el comprador debe poner el resto de su bolsillo.
"¿De dónde sacás ese 20 si no tenés una familia que te acompaña o ahorros?", preguntó.
Frente a esa barrera, Asinelli relativizó la idea de que la primera vivienda deba ser necesariamente comprada: el alquiler, dijo, también puede cumplir el rol de etapa inicial en el acceso habitacional.
Monotributistas y trabajadores de plataformas, los grandes excluidos
El otro frente que señaló es la forma en que los bancos miden los ingresos. Quienes trabajan por cuenta propia, como monotributistas, freelancers o repartidores de aplicaciones, pueden tener capacidad de pago pero no encajar en los parámetros tradicionales.
"Tenés el problema de los jóvenes y de la clase media, que también ha caído en cuestiones de monotributismo, freelancer, trabajo en plataformas, donde los ingresos no son medidos por la mayoría de los sistemas bancarios", explicó.
Su propuesta apunta a ampliar los indicadores de solvencia: además de los ingresos declarados, sugiere observar el cumplimiento de pagos cotidianos, los gastos y otras fuentes de recursos.
"Ahí es cambiar la metodología de evaluación y empezar a ver cómo pagan otras cuestiones, cómo pagan los celulares, qué otro tipo de ingresos tienen, qué otro tipo de gastos tienen", detalló.
Asinelli también puso el foco en el rol de los bancos de desarrollo, que pueden financiar proyectos de maduración extensa sin la lógica del lucro inmediato.
"Nosotros prestamos dinero porque no buscamos el lucro, buscamos el desarrollo a veinte años", afirmó.
El hábitat como condición de oportunidades
Para el vicepresidente de CAF, el problema no se agota en comprar o alquilar. La ubicación de la vivienda incide en los tiempos de traslado, en el acceso al trabajo y a la educación, y en las condiciones de seguridad y servicios disponibles. Por eso insistió en que discutir vivienda es discutir oportunidades: la primera casa de muchos jóvenes, advirtió, termina siendo un muro difícil de saltar.