Los principales bancos privados de Brasil ajustaron a la baja sus proyecciones de crecimiento para 2027 y abrieron un frente de presión sobre las cuentas públicas del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Con una economía que avanzaría mucho menos de lo que calculó el Ejecutivo, la recaudación tributaria prevista pierde sustento y el margen para financiar gasto y recuperar el superávit presupuestario se estrecha.

El Gobierno envió al Congreso en agosto un proyecto de presupuesto construido sobre una expansión del 2,46 % del producto interno bruto (PIB) para 2027. Las estimaciones privadas conocidas en los últimos días quedaron muy por debajo de esa cifra, en un escenario de tasas altas, crédito más caro y dudas sobre el rumbo del próximo mandato presidencial.

De 1,0 % a 0,4 %: la cadena de recortes

Bradesco bajó el viernes su previsión para 2027 de 1,0 % a 0,4 %. La plataforma financiera XP hizo lo propio y la llevó de 1,0 % a 0,3 %. Los movimientos siguieron a los ajustes de la semana previa de Itaú, el mayor banco del país, que proyectó 0,5 %, y de BTG Pactual, que la fijó en 0,6 %.

Las cuatro estimaciones se ubican entre 1,86 y 2,16 puntos porcentuales por debajo de la hipótesis oficial. Si la expansión se confirma en ese rango, Brasil tendría su peor desempeño económico desde 2016, si se excluye 2020, el año en que la pandemia de COVID-19 golpeó la actividad.

Tasas altas y crédito caro

El Banco Central mantuvo esta semana la tasa de referencia en 13,75 % anual y cortó una secuencia de reducciones. Las entidades financieras anticipan que el costo del financiamiento seguirá elevado por el deterioro de las perspectivas de inflación. Ese cuadro encarece los préstamos para empresas y hogares y frena la demanda interna.

"La combinación de unas condiciones financieras más restrictivas, una menor confianza y un crecimiento más lento del crédito debería agravar la pérdida de impulso en los próximos trimestres", señaló Bradesco.

La entidad vinculó ese escenario con una actividad más débil en 2027, luego de que las restricciones financieras recortaran las posibilidades de consumo e inversión.

La industria ya muestra el frenazo

La producción industrial aportó otra señal de la pérdida de ritmo. El sector cayó 2,5 % en septiembre frente al mismo mes del año anterior, tras retrocesos interanuales de 0,5 % en julio y 1,2 % en agosto. Fueron tres descensos consecutivos que cortaron una racha previa de cuatro subas mensuales.

Frente a agosto, la actividad industrial disminuyó 0,8 % en septiembre. Entre las ramas con mayores bajas aparecen los derivados del petróleo (-4,2 %), la producción de alimentos (-1,7 %) y la fabricación de piezas para automóviles (-1,2 %).

La industria, el segundo sector con más peso en la economía brasileña, sufrió los altos costos de producción, la menor demanda y el nivel de las tasas. El 13,75 % anual dificultó el acceso de empresas y hogares a nuevos préstamos, y las proyecciones bancarias contemplan una desaceleración del crédito en los próximos trimestres.

El calendario político suma incertidumbre

El Gobierno calculó un crecimiento de alrededor del 2 % este año, después del 2,3 % de 2025. Para 2027, en cambio, el presupuesto se armó con una previsión superior a la de los cuatro bancos. La diferencia importa para las cuentas públicas: una menor expansión de la actividad implica una recaudación más limitada que la contemplada en las proyecciones iniciales.

Lula, reelegido el 25 de octubre tras imponerse en segunda vuelta a su rival de derecha, Flávio Bolsonaro, deberá definir el programa económico de su próximo Gobierno con esas previsiones sobre la mesa.