El desierto de Atacama, considerado el más seco del planeta, vive una floración sin precedentes. Las lluvias récord asociadas al fenómeno de El Niño hicieron germinar semillas que permanecían latentes bajo la arena, y el resultado es un manto de colores que cubre amplias zonas del norte de Chile.

El fenómeno, conocido como desierto florido, ocurre cuando las precipitaciones alcanzan niveles inusuales en una región donde la lluvia es un acontecimiento extraordinario. Este año, esas lluvias superaron los registros habituales y desencadenaron una explosión de vegetación y flores que, según las primeras estimaciones, será la más extensa de la que se tenga memoria.

Un espectáculo que depende del clima

La floración no es un proceso automático. Las semillas de las especies que habitan Atacama pueden pasar años dormidas y solo brotan cuando la humedad es suficiente. Por eso, cada episodio de desierto florido está atado a la intensidad de las lluvias, y los expertos lo siguen de cerca como un indicador de la variabilidad climática en la zona.

El Niño, un patrón climático que altera las temperaturas del Pacífico y modifica los regímenes de precipitaciones en Sudamérica, fue el disparador de este ciclo. Las lluvias récord que provocó en el norte chileno activaron el mecanismo que convierte la aridez en color.

Un atractivo que se renueva

El desierto florido es uno de los fenómenos naturales más convocantes de Chile y suele atraer a visitantes y fotógrafos cuando las condiciones se dan. Esta vez, la magnitud del evento lo convierte en un caso excepcional: no se trata de una floración más, sino de una que, por su alcance, aspira a quedar en los registros como la más importante.

La combinación de lluvias intensas y temperaturas adecuadas permitió que las semillas germinaran en extensiones mayores a las habituales. El paisaje, que durante la mayor parte del año es un territorio de arena y roca, se transformó en un tapiz de flores que cambia la imagen tradicional del desierto.

Qué se sabe y qué falta confirmar

Las autoridades y los especialistas aún trabajan en la medición exacta de la superficie cubierta y en la identificación de las especies que florecieron con mayor intensidad. Lo que está claro es que las condiciones climáticas de este año generaron un escenario que no se repite con frecuencia.

El desierto florido depende de factores que no se pueden controlar, y su duración es limitada: las flores marchitan cuando la humedad se agota. Por eso, el momento de mayor esplendor es acotado y los registros que se tomen ahora serán clave para comparar con futuros episodios.