En las islas del departamento Victoria, frente a Rosario, la ganadería convive con el ritmo del río. Hoy los campos todavía están secos y los animales pastorean con normalidad, pero los productores ya saben que el margen se acorta: calculan que disponen de unos 30 días para retirar alrededor de 30.000 cabezas antes de que el agua cubra los sectores más bajos.
La advertencia la hace Leonardo Scarparo, productor de tercera generación y presidente de la Comunidad Islera Asociación Civil (CIAC). Su familia compró tierras en la zona en 1938 y desde entonces aprendió a leer las crecidas. "Ayer hablaba con un productor y me decía: 'Leonardo, está seco adentro'", relata. Y aclara: "Claro, adentro de la isla está seco, pero esto es una cuestión de 30 días".
El agua que viene
Según las estimaciones de la entidad, en las islas del departamento Victoria suelen pastorear entre 40.000 y 50.000 vacunos. Si la creciente avanza sobre los campos, unas 30.000 podrían quedar comprometidas.
El Paraná podría empezar a subir entre 10 y 12 centímetros por día hasta que el suelo ya no absorba más. Cuando eso ocurra, las zonas más bajas quedarán bajo el agua y el traslado de los rodeos tendrá que acelerarse.
Al momento de la consulta, el hidrómetro de Puerto Rosario marcaba 3,30 metros sobre el cero de referencia. Los niveles de alerta y evacuación son de 5 y 5,50 metros, respectivamente. La preocupación, sin embargo, no pasa solo por la altura del río sino por el tiempo disponible para organizar la salida.
"Yo le diría que hay 30 días más o menos", sostiene Scarparo. Y agrega que la amenaza principal puede llegar más tarde: "El problema principal no es este; el problema principal va a ser el desarrollo de El Niño hacia fin de año".
Anticiparse, la diferencia
Esta vez los productores cuentan con información anticipada. Según Scarparo, ya se tomaron medidas para empezar a evacuar la hacienda de las islas. "La información ha llegado con suficiente antelación", afirma.
Esa previsión marca una diferencia clave respecto de otros episodios. En un territorio donde las distancias se miden en horas de navegación, ganar tiempo permite conseguir embarcaciones, organizar los arreos y encontrar destino para los animales.
"La situación es grave, pero gracias a los medios de comunicación la gente se adelantó a achicar la cantidad de hacienda", asegura el dirigente isleño.
El recuerdo de 2007 sigue presente como advertencia. Aquel año, lluvias locales provocaron una suba abrupta del río y una mortandad importante de animales. "En otras épocas no sabíamos a ciencia cierta hasta dónde iba a llegar el agua", recuerda Scarparo. "Uno aguantaba, esperaba y estaba un poco a merced de fenómenos locales", añade.
Hoy, las herramientas informáticas, la información hidrológica y el seguimiento meteorológico permiten trabajar con otro margen de previsión. Con ese respaldo, los ganaderos isleños intentan que la próxima crecida no los tome por sorpresa.