El partido entre Godoy Cruz y All Boys, por la Primera Nacional, terminó envuelto en un episodio pocas veces visto. El árbitro Nicolás Lamolina había cobrado penal para el Tomba, pero dio marcha atrás después de mirar una imagen en un teléfono celular. La secuencia derivó en unos 20 minutos de interrupción y en una ola de cuestionamientos por el método usado para corregir la decisión.

Qué pasó en la jugada

Todo ocurrió sobre el cierre del encuentro. Lamolina consideró que una infracción dentro del área justificaba la pena máxima. Los futbolistas de All Boys reaccionaron de inmediato: sostenían que el contacto había sido afuera. En medio de los reclamos, le acercaron al árbitro una imagen tomada con un celular.

Después de observarla, el juez anuló el penal. El problema no fue solo el cambio de criterio, sino cómo se llegó a él: la revisión no se hizo a través del sistema oficial de VAR. Ese punto concentró las críticas, porque el reglamento no contempla el uso de un teléfono particular para modificar una sanción.

Otra polémica en la misma noche

El episodio del celular no fue el único. Antes, Lamolina había cobrado otro penal para Godoy Cruz por una supuesta mano. Pino se hizo cargo del remate, pero la pelota se estrelló en el travesaño y el marcador no se movió.

Un partido sin dueño

En lo estrictamente futbolístico, Godoy Cruz y All Boys jugaron un encuentro trabado, con escasas situaciones claras y sin poder sacarse ventaja. El Tomba generó sus ocasiones, mientras que All Boys respondió con llegadas que encontraron una buena respuesta de Strumia bajo los tres palos.

El fallo revertido con un teléfono quedará como el momento más recordado de la noche y reavivó el debate sobre los límites de la tecnología en el fútbol argentino. La jugada, además, dejó una pregunta abierta: qué margen tiene un árbitro para corregir una decisión fuera de los canales previstos por la organización.