En enero de 2026 Tesla informó a sus plantillas de Texas y California que necesitaba que algunos operarios usaran equipos de captura de movimiento para registrar cada paso de sus labores, con la finalidad de alimentar el entrenamiento del robot humanoide Optimus.

La petición y la resistencia del personal

Los trabajadores comprendieron que el objetivo era dotar al robot de ejemplos exactos de cómo ejecutar acciones físicas, algo que, según la empresa, no se logra con simples videos. Ante la perspectiva de que sus propios movimientos podrían servir para reemplazarlos, varios empleados manifestaron su rechazo.

"No queremos ser los entrenadores de la máquina que nos sustituirá", comentó un operario de la planta de Texas, citado por The Information.

Cómo se está recopilando la información

A pesar de las quejas, Tesla no abandonó la estrategia. La firma contrató equipos dedicados a la captura de datos y amplió la instalación de cámaras en sus fábricas. Gran parte del registro se trasladó a áreas alejadas de las líneas de producción para minimizar el contacto directo con el personal.

Durante el verano, la compañía abrió centros de entrenamiento en varios estados, entre ellos Colorado, Arizona y Florida, manteniendo el mismo método de captura pero cambiando la ubicación de los sujetos que proveen los movimientos.

Problemas técnicos que persisten en Optimus

Mientras se acumulan los datos, Optimus sigue presentando fallas. Sus manos y antebrazos incorporan más de cien componentes que requieren ensamblaje manual, y algunas unidades necesitan ajustes al salir de la línea. Los sensores táctiles también han demostrado ser poco fiables, lo que llevó a Tesla a diseñar un recubrimiento tipo guante intercambiable.

Además, el robot aún depende de programación específica para cada tarea y solo opera en entornos controlados, lejos de la autonomía que Elon Musk ha prometido.

La compañía apunta a producir varios cientos de unidades semanales y aspira a superar la marca de 1.000 robots por semana antes de que finalice 2026.