Una app puede funcionar perfectamente y, aun así, no ocupar un lugar significativo en la vida de las personas. Puede ser rápida, intuitiva y resolver una necesidad concreta, pero si la experiencia termina ahí, será fácil reemplazarla por otra cuando aparezca una alternativa más eficiente.
La respuesta a qué hace que una aplicación deje de ser una herramienta para convertirse en una marca con la que las personas eligen rara vez está en la cantidad de funcionalidades, sino en el lugar que esa app ocupa en la vida cotidiana.
Ejemplos de éxito
WeChat comenzó como una aplicación de mensajería y evolucionó hasta convertirse en una superapp y el principal punto de acceso a la vida digital de millones de personas en China. La app permite conversar, pagar, comprar, pedir un transporte, gestionar trámites o acceder a cientos de servicios.
La app financiera M-Pesa, en Kenia, permitió que millones de personas sin acceso al sistema bancario tradicional pudieran enviar, recibir y administrar dinero desde un teléfono celular. Para buena parte de esos usuarios, la aplicación representó mucho más que una nueva forma de pagar.
El verdadero valor de una marca
El verdadero valor de una marca no es solo resolver una operación, sino habilitar posibilidades y generar acceso. La tecnología genera un impacto mayor cuando amplía posibilidades. Cuando simplifica una tarea, habilita un acceso o resuelve una necesidad que condiciona la vida cotidiana, empieza a ocupar un lugar mucho más difícil de reemplazar.
El desafío del branding en la economía digital
La innovación tecnológica avanza a una velocidad extraordinaria. Las funcionalidades se replican cada vez más rápido y la inteligencia artificial acelera todavía más ese proceso. El verdadero diferencial empieza a construirse en la confianza que una marca genera, en la consistencia de cada interacción y en la capacidad de comprender qué necesitan las personas más allá de la operación que vienen a resolver.
La autora es Julieta López, Head of Brand en Naranja X.