Será difícil encontrar dos fines de semanas consecutivos como los últimos en los que la Argentina haya estado en el centro de la agenda internacional por malas razones. Lo ocurrido en las últimas 48 horas supera en gravedad y consecuencias al anterior.

El presidente Javier Milei volvió a demostrar que la lista de lesiones autoprovocadas no tiene fin. Abrió un conflicto sin precedentes con Brasil, el mayor país del hemisferio sur y principal socio comercial de la Argentina.

La opinión es unánime: decenas de diplomáticos y expertos en relaciones internacionales consideran que se desató la mayor crisis diplomática del último medio siglo entre la Argentina y Brasil. El conflicto fue generado por el propio Presidente, quien en su visita a San Pablo desplegó públicamente insultos contra el jefe de Estado de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.

El episodio derivó en un llamado en consulta al embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, quien viajó a su país. La adopción de esta medida no registra antecedentes cercanos y constituye una formal demostración del malestar existente.

Consecuencias del conflicto

Fuentes de la cancillería brasileña aclararon que ninguna medida extrema está en consideración. Sin embargo, el gobierno argentino ya ha dejado trascender que no habrá pedido de disculpas por parte del embajador Daniel Raimondi y, mucho menos, del Presidente.

Milei escaló el conflicto acusando al gobierno brasileño de haber financiado el 25% de los gastos de la campaña antiargentina. También acusó a Lula da Silva de haber aportado expertos y financiado parte de la campaña electoral de Sergio Massa.

Impacto en la imagen del país

El regreso del Presidente a su versión barrabrava difícilmente mejore la imagen del país. El softpower nacional está en rojo. Un experto en temas internacionales ironizó: "El argumento del Presidente suena muy infantil".

Próximo paso

La crisis sigue en desarrollo. Se espera una respuesta del gobierno brasileño y una posible reunión para discutir el conflicto.