El director Martín Saban, responsable de ficciones que marcaron a varias generaciones como Padre Coraje, Hombres de honor, ATAV, Violetta y Soy Luna, participó de un encuentro de actores y guionistas argentinos en Madrid. Allí dialogó con la prensa sobre su carrera y sobre el estado actual de la producción local. Su diagnóstico fue claro: la ficción argentina necesita respaldo para que sus profesionales no se vean obligados a emigrar.
Saban sostuvo que narrar las historias propias del país no es una opción entre otras, sino un deber. "Contar nuestra cultura es una obligación", planteó durante la charla, y advirtió que sin producción sostenida el riesgo es concreto: perder técnicos y artistas formados en Argentina.
Rodar con poco y contra el reloj
El realizador describió un modelo de trabajo que conoce bien: jornadas maratónicas, elencos numerosos y decisiones que se resuelven en cuestión de segundos. En Hombres de honor, por ejemplo, debió filmar escenas con un reparto amplio y apenas dos cámaras. En ese contexto, explicó, dirigir también implica administrar los primeros planos y sostener la confianza de los intérpretes.
"Tienen que confiar en que ese plano corto está en determinado personaje por una razón y que después todo se va a equilibrar", recordó sobre esa experiencia.
Consultado sobre lo más difícil de su oficio, Saban apuntó a la templanza. Según dijo, todo lo que rodea a un rodaje, desde la llegada del primer guion, tiende a desestabilizar al director, y el desafío es sostener el rumbo hasta el último día. También mencionó la pelea permanente por los recursos: "La pelea es por presupuesto y tiempo".
El ego del actor y el equilibrio del director
Saban se refirió al lugar del ego en un elenco y lo describió como una fuerza que puede jugar a favor. El actor busca que se luzca lo que trabajó, y el director debe evaluar cuándo una propuesta mejora la escena. El problema, señaló, es que muchas veces el tiempo no alcanza para desarrollarla.
En ese marco recordó una negociación extensa durante Padre Coraje, la tira de época de 2004 protagonizada por Facundo Arana y Nancy Dupláa. Se trató de una escena de seducción entre Negro Vallejos, Leonor Benedetto y Luis Machín que demandó una tarde entera de trabajo con los actores. Según contó, la propuesta fue bien recibida por el elenco.
"Cuando un director llega con una propuesta que mejora una escena, el actor la entiende y la agradece", afirmó.
La lección de Violetta
Su paso por Disney también dejó aprendizajes. En esa industria, contó, todo se conversa y se supervisa. En el final de la primera temporada de Violetta había un gran número musical y la consigna era mostrar dos o tres parejas, aunque algunas no seguirían en la temporada siguiente.
Saban propuso otra cosa: que el padre de Violetta, interpretado por Diego Ramos, abrazara a su hija y le diera un beso en la frente al terminar la canción. Ese gesto no estaba en el guion. "No me preguntes ni cómo ni por qué, porque no tengo respuestas. El programa necesita esto", le dijo al actor.
La respuesta llegó después. Cecilia Mendoza, responsable de desarrollos de Disney, le contó que un grupo de opinión había señalado ese momento como uno de los puntos clave de la temporada. Para Saban, la enseñanza es mirar el relato completo y detectar dónde los chicos se identifican con los personajes.
El encuentro en Madrid dejó así un repaso por décadas de televisión argentina y una advertencia sobre el futuro: sin producción propia, el talento local queda expuesto a la emigración.