LIV Golf, el circuito que Arabia Saudita financió para disputarle el terreno al PGA Tour, anunció su liquidación tras cuatro temporadas de actividad y pérdidas superiores a los 5.000 millones de dólares. La noticia confirma el fracaso del plan de relanzamiento que la liga tenía previsto para 2027, que quedó sin sustento después de que se retirara su principal inversor privado.
Un proyecto que no encontró sostén
El desembarco saudí había prometido cambiar las reglas del golf profesional con bolsas millonarias y contratos que tentaron a varias estrellas del circuito tradicional. Cuatro años después, el balance económico terminó pesando más que el impacto deportivo: la fuga de jugadores y la falta de ingresos propios dejaron al proyecto sin margen para sostenerse.
La retirada del inversor privado más importante fue el golpe final. Sin ese respaldo, la estructura diseñada para 2027 perdió viabilidad y la dirigencia optó por cerrar la operación en lugar de sostenerla con fondos públicos.
El legado de una liga que quiso romper el statu quo
Durante su corta vida, LIV Golf instaló un debate sobre el modelo de negocio del deporte y sobre el rol de los capitales estatales en las ligas internacionales. Atrajo nombres de peso con contratos que no tenían equivalente en el circuito tradicional, pero no logró consolidar una audiencia ni un calendario que le diera independencia financiera.
El cierre deja abierta la pregunta sobre el futuro de los jugadores que habían migrado y sobre el destino de los contratos firmados. También marca un precedente para otros proyectos deportivos que dependen de un único financista.
Con la liquidación confirmada, LIV Golf se despide como una experiencia breve y costosa: cuatro temporadas, una promesa de revolución y un rojo de más de 5.000 millones de dólares que quedará en la historia del golf profesional.