En 1934, Alfred Hitchcock vivió una profunda duda profesional después del estreno en el Reino Unido de Valses de Viena, un musical que consideró ajeno a su visión cinematográfica.
Un intento que no resonó
Hitchcock había iniciado su carrera en la era del cine mudo y, en 1929, dirigió su primera película sonora, Chantaje. Posteriormente, realizó títulos como Ricos y extraños y El número 17, obras que él mismo describió como decepcionantes o apresuradas. Cuando llegó Valses de Viena, el director lo catalogó como “un musical sin música”.
"Era un musical sin música", afirmó Hitchcock en una conversación con François Truffaut.
El proyecto le dejó una sensación de estancamiento. No llegó a pensar que su carrera había terminado, pero admitió que podía parecer que estaba atravesando su peor etapa.
El guion que reactivó su carrera
Años después, Hitchcock presentó a Michael Balcon, productor que había respaldado su debut, el guion de El hombre que sabía demasiado. Balcon aceptó financiar la película, permitiendo al director volver a la pantalla con un thriller de alta tensión.
El estreno recibió una acogida mucho más positiva que el musical de 1934 y devolvió al cineasta la confianza que había perdido.
De la recuperación a la inmortalidad
Con el éxito recuperado, Hitchcock siguió creando obras que marcarían la historia del cine, entre ellas Rebeca, Vértigo, La ventana indiscreta y Psicosis. Su trayectoria se extendió hasta 1976, año en que dirigió su última película, La trama.