Billy Joel atraviesa un momento delicado de salud y, por indicación médica, deberá mantenerse lejos de los escenarios y del volante. El músico contó en una entrevista con The Hollywood Reporter que sus doctores le pidieron que no haga conciertos en vivo ni maneje, como consecuencia de la hidrocefalia normotensiva que le diagnosticaron en 2025.

La noticia llega después de un período de aparente recuperación: tras el diagnóstico, el pianista había logrado retomar su actividad musical. Sin embargo, su cuadro evoluciona de forma variable y eso condiciona qué puede hacer y qué no.

El riesgo de un show

La explicación que le dio su neurólogo es contundente. Cada vez que Joel sube a un escenario, el organismo recibe un impacto comparable al de un golpe en la cabeza. "Es como si sufrieras una conmoción cerebral", le advirtió el especialista, según relató el propio artista.

Los factores que se combinan en un recital explican ese efecto: las luces, el volumen, la tensión previa, la energía del público y el desgaste físico de la actuación. A eso se suma un antecedente que Joel reconoce: el rock and roll ya le afectó la audición.

"El rock and roll ya me ha dejado sordo. Así que es la iluminación, el sonido, la tensión del espectáculo, el público, la energía de la actuación", describió.

Por ahora, los médicos le pidieron más estudios antes de autorizar un regreso a los escenarios. El músico dejó en claro que esa vuelta es su deseo: "Me gustaría poder hacerlo", afirmó.

Una derivación cerebral y una mejora concreta

En diálogo con SiriusXM, Joel dio detalles del procedimiento al que se sometió para tratar su condición. Le colocaron una derivación cerebral, un dispositivo que ayuda a drenar el líquido acumulado. El implante requiere una perforación en el cráneo, por lo que al principio dudó, pero siguió la recomendación médica.

El resultado, según su propio relato, fue positivo: notó avances en la memoria, en el equilibrio y en su capacidad para desenvolverse en la vida diaria. También comprendió entonces por qué cada presentación lo dejaba tan mal: el esfuerzo de tocar rock a alto volumen le generaba un cuadro similar a una conmoción.

"Me implantaron una derivación cerebral y, la verdad, mejoré bastante", contó.

Motos a subasta

La restricción para conducir choca con una de sus grandes pasiones. Joel acumuló más de cien motocicletas y decidió desprenderse de más de 70 en una subasta. Su razonamiento mezcla lógica y humor negro: no se puede manejar más de una por vez y no quiere terminar como un insecto contra un parabrisas.

"No era coleccionista. Era un verdadero motociclista", explicó sobre su vínculo con las motos, que también valoraba por el anonimato que le daban en la calle.

Con el tratamiento en marcha y los estudios pendientes, Joel busca transmitir tranquilidad a sus seguidores. "Quiero que la gente lo sepa y que no se preocupen por mí. Sigo acá", cerró.