La figura de Edgardo Guillermo Gaudini, conocido como El Doce, es inseparable de los primeros años de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. En ese entonces, los shows de la banda eran verdaderos espectáculos que incluían desde la suelta de gallinas en el escenario hasta la presencia de más de 20 bailarinas.

Un encuentro casual

Fue en la localidad de Gonnet, alrededor de 1976, donde El Doce conoció a los futuros integrantes de la banda. En ese momento, no eran aún Los Redondos, sino un grupo de amigos que se reunían para hacer música y experimentar con diferentes sonidos. El Doce, que era profesor de matemáticas, física y química, se unió a ellos y pronto se convirtió en una figura clave en sus presentaciones.

'Era una especie de happening', recuerda Guillermo Beilinson, uno de los integrantes de la banda, sobre aquellos primeros shows.

El sultán de los buñuelos

El Doce se disfrazaba de sultán y repartía buñuelos de ricota y nuez entre el público. La receta, según una investigación, provenía de un libro de una ecónoma llamada Patricia Rey. Esta acción se convirtió en una de las características más recordadas de los shows de la banda en sus primeros años.

Un legado más allá de la música

Años después, El Doce tuvo problemas con la ley y pasó tiempo en la cárcel. Fue allí donde se interesó por la marginalidad y comenzó a escribir artículos y libros, aunque nunca los terminó. Más tarde, tuvo su propio programa de radio en La Plata, llamado El pez náufrago, donde hablaba de música y compartía sus conocimientos con los oyentes.

Un final trágico

La vida de El Doce terminó de manera trágica en 2002, cuando fue asesinado por uno de sus inquilinos en la casa paterna de Claypole. Tenía 59 años. Su legado, sin embargo, permanece vivo en la historia de Los Redondos y en el recuerdo de aquellos que lo conocieron.

Un reconocimiento pendiente

Aún hoy, muchos lamentan que El Doce no haya recibido el reconocimiento que merecía por su contribución a la música y la cultura. Su historia es un recordatorio de la importancia de preservar la memoria de aquellos que han dejado una huella imborrable en nuestro patrimonio cultural.