Elegir cómo se va a llamar un auto nuevo no es un trámite menor. Una palabra que suena atractiva en un mercado puede provocar risas, incomodidad o directamente un problema comercial en otro país, y eso obliga a las automotrices a revisar la estrategia antes de lanzar el modelo.
Detrás de denominaciones instaladas como Hilux, Corolla, Mustang o Amarok hay desde referencias a animales y lenguas antiguas hasta rasgos mecánicos y discusiones que se estiran durante meses. El proceso se conoce como naming e involucra a equipos de marketing, diseño y desarrollo de producto.
Cómo se elige un nombre
En las grandes automotrices la decisión arranca en las casas matrices. La meta es dar con una palabra fácil de recordar, de pronunciar y de asociar con el vehículo, aunque cada fabricante aplica sus propios criterios.
En Toyota, por ejemplo, cada sede propone entre 10 y 15 opciones. Esa lista pasa por un filtro global que deja diez finalistas. Después, los mercados votan y advierten si algún término puede tener una connotación negativa en su país.
La sonoridad también pesa. Hay marcas que apuestan a letras con buena recepción comercial, como la K o la X: aparecen en el Volkswagen Amarok, el Fox, el Chevrolet Onix y el histórico Ford Ka.
Números, latín y mitología
Otras firmas optaron por identificar sus modelos con cifras. Ferrari usó durante décadas combinaciones alfanuméricas ligadas a sus motores. En el 488 GTB, el número remite a los 488 centímetros cúbicos de cilindrada de cada uno de los ocho cilindros de su V8 de 3,9 litros, mientras que las siglas significan Gran Turismo Berlinetta.
Toyota también recurrió a los números en el RAV4, que viene de Recreational Active Vehicle 4-Wheel Drive, una referencia a su origen como vehículo recreativo con tracción integral. Pero la marca japonesa tiene varios nombres armados con palabras combinadas o términos de otros idiomas.
La Hilux surge de unir high (alto) y luxury (lujo). El utilitario Hiace combina high con ace (as). En los dos casos, la idea era transmitir atributos del vehículo.
También hay guiños al latín, al griego y al japonés. Corolla significa pequeña corona en latín. Prius se vincula con lo que precede, una elección acorde a su papel pionero entre los híbridos de producción masiva. Camry proviene de kanmuri, corona en japonés. Etios se relaciona con ethos, el carácter griego, y Yaris se inspira en Charis, figura mitológica asociada a la belleza y la elegancia.
Cuando el nombre no viaja bien
El problema más delicado aparece cuando la misma unidad debe venderse en países distintos. Hay palabras que funcionan en un idioma y resultan desafortunadas en otro. Tres casos recordados son el Mitsubishi Pajero, el Volkswagen Jetta y el Kia Borrego, que recibieron otras denominaciones en ciertos mercados, incluida la Argentina.
El Pajero es quizás el ejemplo más citado. El todoterreno japonés se presentó en 1982 y su nombre generó incomodidad en varios países de habla hispana, lo que llevó a rebautizarlo en esas plazas.
El caso muestra que el naming no termina cuando se aprueba una palabra en la casa matriz. La última palabra, muchas veces, la tienen los mercados donde el auto va a circular.